En nuestros escritos, discursos y conversaciones, queremos frases memorables que con economía de medios nos proporcionen el máximo sentido.
En los aforismos, podemos encontrar este tipo de frases breves, sentenciosas y llenas de significado.
Hay gran variedad: invocaciones, imprecaciones, reconvenciones, órdenes, máximas de contenido moral o edificante, comentarios humorísticos y muchas otras variaciones.
Me gusta leer libros de aforismos de escritores y personajes públicos: Baltasar Gracián y su Arte de la Prudencia, Nietzsche, Oscar Wilde, Pascal, Ciorán, Montaigne o La Rochefoucauld están entre mis favoritos.
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Defendí hace años en un artículo que Twitter es el gimnasio del escritor porque en 140 caracteres estás obligado a flexionar tus músculos verbales y transmitir lo máximo con lo mínimo. La limitación de espacio te lleva naturalmente a escribir aforismos.
Durante mi incursión en Twitter, la única red social digital a la que he pertenecido, escribí algo más de 10.000 tuits en algo más de dos años. A una media de 10 palabras por tuit (cifra conservadora) escribí 100.000 palabras, el equivalente a una novela de 350 páginas (en extensión, no en valor o contenido).
Podemos decir que la mayoría de esos tuits son exabruptos, pensamientos reactivos y banalidades varias salpicadas con alguna perla retórica digna de conservarse (quizá un 1% del total, dejaré una muestra al final de este artículo).
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En Twitter conocí en primera persona el poder adictivo de las redes sociales y también algunos de sus beneficios.
Por ejemplo, gracias a Twitter conocí a Rafael Sarmentero, El Genio, al que he dedicado varios artículos en este blog y que ha colaborado con varias intervenciones. Raúl Hernández González, otro habitual de mis podcasts, también está entre las mejores aportaciones de Twitter a mi red social.
También afilé mi habilidad para responder de manera rápida, en casi tiempo real, a los ataques verbales, y di rienda suelta a mi egocentrismo narcisista y afán propagandístico en temas políticos y culturales. El sentimiento de pertenencia a un grupo (el mío es por supuesto uno de élite) se exacerba en Twitter y también los impulsos de confrontar a los extraños equivocados con el insulto, el ingenio y el dato.
Pero, como bien sabemos los minimalistas digitales, una tecnología no se justifica solo por sus beneficios —después de todo, cualquier tecnología aporta algo— sino que hay que ponderar los costes al igual que los beneficios.
Es por esos costes que a pesar de las satisfacciones que me producía Twitter, su capacidad para enganchar mi atención de forma relativamente productiva (“Twitter como gimnasio del escritor”) y la posibilidad para interaccionar con personas interesantes, terminé dejando la red de los trinos.
De esta experiencia, quedaron los tuits, que antes de abandonar la red fueron convenientemente archivados.
Muchos de esos tuits rescatables del olvido son aforismos, frases ingeniosas, dardos envenenados, refranes, proverbios, respuestas con retranca, pensavientos, trinos varios. Esa práctica tuvo como beneficio más evidente el que haya aprendido a intercalar más frases potentes en mis textos y conversaciones.
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Te dejo con una muestra de algunos de estos aforismos a pie de impulso para que consideres si dos años perdiendo el tiempo en Twitter, distrayéndome de asuntos más importantes y envuelto en guerras incendiarias, son justificados por estos residuos verbales.
Mi conclusión es que no, que fue una miserable pérdida de capital vital e intelectual, pero espero que al menos te sirva como advertencia.
- Mal de muchos, buen rayo me parta.
- La puntualidad es la más inútil de las virtudes: casi nadie llega a tiempo para apreciarla.
- Yo no soy un friki. Soy un verso suelto.
- El Hombre es una teoría de la felicidad con patas.
- No hay que confundir el orden con la simetría.
- El precio de la vida es la muerte.
- La mejor manera de convocar a las musas es darles el día libre.
- La metáfora es un observatorio.
- El fanfarrón expide cheques que su talento no puede pagar.
- El problema con los postmodernos es que están de vuelta de todo sin haber salido nunca de casa.
- Era un tipo educado, buena persona y amigo de sus amigos; se llamaba don Bostezo.
- En los bordes se puede apreciar mejor el fondo.
- Un sabio en pos de la verdad en los libros es como un romántico buscando el amor en un prostíbulo.
- Ninguna mujer tiene sueños lúbricos con un hombre muy simpático.
- Preguntar qué tal estás debería estar prohibido por la convención de Ginebra.
- El símil es el hijo tonto de la metáfora.
- Ni todos los placeres nos convienen, ni todos los dolores nos perjudican.
- Si solo habláramos cuando tuviéramos algo que decir, pasaríamos más tiempo haciendo cosas dignas de contar.
- La mujer: ese leviatán con medias de seda.
- Nada hay más importante que refutarse un poco todos los días.
- A veces solo estamos despiertos cuando estamos dormidos.
- El increíble hombre normal: por mis obras me ignoraréis.
- Es un hombre hecho a sí mismo: empezó desde cero y ha acabado en la más absoluta de las miserias.
- La sonrisa es la brisa del alma.
Aquí una reflexión interesante en forma de audio y artículo de Jaír Amores sobre aforismos y frases famosas:
https://efectivida.es/podcast/frases-famosas-y-atribuciones/