Llevo casi dos horas trabajando en una cafetería. Hay un grupo de cinco personas delante de mí: cuatro adultos y una niña de unos cuatro años. Los adultos hablan, la niña está neutralizada con un teléfono inteligente (creo que más inteligente o al menos menos insensato que los padres y familiares de la niña). La niña se cansó del teléfono hace una hora o así. Intentó captar varias veces la atención de su abuelo, pero infructuosamente: «Abuelo, abuelo…» ; también la de su madre: ni caso; finalmente dio una vuelta por el patio de la cafetería. Pocos minutos después volvió al teléfono y ahora, casi una hora más tarde, habiendo anochecido, sigue enfrascada y el resplandor del aparato se refleja en su rostro.

Llamadme exagerado, alarmista o peligroso neoludita, pero tengo que deciros que creo que estamos en el final de una era y en el principio de otra.
Llamadme insultón y ofensivo, pero el abuelo es un gilipollas integral.
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