No te mires el ombligo

Estoy un poco cansado de la caterva de gurús de la autoayuda, vendedores de elixir de serpiente y demás telepredicadores que nos dicen que para tener éxito, ser feliz y que la ropa te lave más blanca has de cambiar tu imagen, has de quererte más, has de tener confianza y  apuntalar tu autoestima.

Peor todavía son los que te aconsejan que te examines, que analices tus creencias hasta llegar a la médula, que administres vitaminas revitalizantes a tu eguito,  que vuelvas a tu infancia y repases tus episodios traumáticos, como el día en que ese niño te arrebató el caramelo y te quedaste llorando; porque solo así podrás comprenderte, conocer tu identidad, tu pasado y tus verdaderos sueños, porque solo así llegarás a ser quien eres y te autorrealizarás.

navel-gazing

En mi nada modesta opinión, esto es una gilipollez  propia de los tiempos que corren: 

  • Narcisistas digitales que no ven más allá de sus analógicas narices y que creen que el centro del universo está en su ombligo (quizá por ello la proliferación de las prácticas pseudobudistas).
  • Gente blanda que no soporta diferir la gratificación instantánea porque pueden sufrir y ellos quieren ser felices.
  • Buscadores de soluciones universales, indoloras, incoloras y baratas que pagan para que en un curso de crecimiento personal les hagan sentir bien. Con el resultado habitual de crecer 4 centímetros (pero a lo ancho).
  • Aventureros de pacotilla que buscan en las playas de Tailandia  el secreto de la vida para luego contárnoslo en un blog.

No, la solución no está en mirarse el ombligo. Hay un mundo externo más allá del reducido círculo de tus intereses personales.  Interésate por algo más grande que tú. Sal ahí fuera, copón.