Una vez tomada una resolución voy directamente hacia mi objetivo, derribando cuanto me cierra el paso.
~Cardenal Richelieu
La regla de los dos minutos fue enunciada por el gurú de la productividad David Allen: cuando surge una acción en la mente, hay que hacerla inmediatamente, si va a llevar menos de dos minutos.
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Esta es una versión más inmediata, concreta y operativa del tradicional dicho: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Según David Allen, puede suponer un tremendo aumento de la productividad personal.
Los dos minutos son orientativos. Cualquier regla ha de ser concreta, pero también ha de ser configurable en sus parámetros para adecuarla a las distintas circunstancias. Puede haber contextos en que una interrupción de dos minutos repetida muchas veces sea un Trabajus Interruptus intolerable o puede ocurrir que en vez de esos dos minutos nos podamos permitir realizar esas acciones si no pasan de cinco o de diez.
Una regla siempre tiene una estructura SI <CONDICIONES> ENTONCES <ACCIONES>.
Es importante que las condiciones queden claramente explicitadas para mover a la acción. La concreción aumenta el compromiso con la regla y la probabilidad de recordarla. Cuanto más concreción, más automatismo y menos fricción emocional.
Esta regla de los dos minutos es un buen ejemplo de “intención de implementación”: no solo defines una intención de meta («ser más resolutivo»), además determinas las condiciones concretas de ejecución para así hacer más probable la acción y el logro de la meta. En el curso de atención plena, usamos intenciones de implementación cuando determinamos disparadores o desencadenantes de la acción deseada.
Con este ejercicio pretendo que desarrolles una actitud más resolutiva, que demores menos las acciones ligeramente incómodas.
Como bien señala Raúl Hernández, la regla de los dos minutos no es la que yo he enunciado en una versión muy particular mía. Valga su corrección:
El planteamiento de Allen no es exactamente como dices… no es “cuando surja una acción en la mente”. Allen lo que dice es que cuando surja un pensamiento debemos capturarlo inmediatamente y seguir con lo que estuviéramos haciendo. Es después, durante la fase de proceso (cuando repasamos nuestros “inbox” y decidimos qué hacer con cada una de las cosas que hemos volcado allí) cuando aplica la regla de los 2 minutos en el sentido que dice Iván: si vamos a tardar más en clasificarlas que en hacerlas, mejor hacerlas YA.
