Hasta hace 4 años siempre había tomado el café con sacarina, y antes con azúcar, pero consideré que la sacarina también podía tener efectos perjudiciales así que decidí librarme de ella.
Hubo un tiempo en que yo decía que tomaba azúcar con café más que café con azúcar. La sacarina fue un sucedáneo que me permitió evitar este exceso. Iba a resultar difícil dejar la sacarina porque el café solo sin añadidos me resultaba terriblemente amargo. Podría haber decidido dejar el café y con ello resolver el problema de una vez por todas, pero consideré que eso sería como tirar el agua con el niño o matar moscas a cañonazos o hacer «overkill», como dicen los militares americanos, así que determiné librarme de la sacarina y aceptar el sabor amargo del café.

Cómo lo hice
El método que empleé fue sencillo. Tan sencillo como tajante: en los siguientes días eliminaría la sacarina completamente y me obligaría a tomarme el café sin añadidos. Supuse que iba a costarme mucho y llevarme mucho tiempo; puesto que mi capacidad de soportar la incomodidad no era grande, la probabilidad de éxito me parecía remota. Con todo, proseguí con el plan.
Una alternativa menos drástica hubiera sido ir abandonando gradualmente la sacarina reduciendo poco a poco la dosis hasta que fuera imperceptible. Ese enfoque hubiera sido menos doloroso pero también necesitaba más tiempo y atención constante a las dosis. La perspectiva de un largo proceso de deshabituación de la sacarina me hizo desistir del enfoque gradual.
Al día siguiente, tomé mi primer café sin sacarina o azúcar o leche; me resultó terriblemente amargo, pero pude tomarlo. Los tres o cuatro siguientes cafés siguieron siendo desagradables, pero sorprendentemente al tercer día ya me había olvidado de la sacarina y no sentía lo amargo del café.
Me había acostumbrado en menos de tres días a tomar el café sin añadidos. Me chocó que una costumbre tan arraigada pudiera vencerse en tan poco tiempo. Desde ese día no he vuelto a tomar el café con azúcar o sacarina y no lo he echado nunca de menos.
Observaciones y lecciones aprendidas
- La terapia de choque a veces puede ser útil.
- El esfuerzo o sacrificio fue mucho menor de lo esperado.
- En solo tres días me deshice de un hábito insano.
- Me sentí triunfante y me pregunté qué otros hábitos profundamente arraigados podría eliminar en poco tiempo.
- Aunque habitualmente abogo por la gradualidad, las soluciones expeditivas también tienen su lugar en materia de autorregulación y fuerza de voluntad.
- Me di cuenta de que la incomodidad y la sensación de privación y el sufrimiento son emociones no estables. La habituación se produce para lo negativo y lo positivo.
Reto-experimento para los participantes en el curso de perseverancia y atención plena
Un espíritu libre y alegre necesita de vez en cuando algo de peligro, de lo contrario la vida se le vuelve insoportable.
~Friedrich Nietzsche
Prueba a tomar el café o el té o infusiones sin azúcar durante cuatro días seguidos. Observa tus emociones y sensaciones a lo largo de ese tiempo, saborea la resistencia a tomar café amargo. Vence la incomodidad. Habitúate a ella. Este experimento de cuatro días forma parte de nuestro Curso de perseverancia y también del Curso de atención plena.
Si cuatro días son muchos para ti, hazlo una sola vez.
¿Serás capaz de vivir con una situación incómoda o desagradable durante cuatro días seguidos? ¿Durante tres? ¿Durante uno?
Si te parece que este ejercicio no tiene sentido o que no merece la pena, recuerda que el miedo a la incomodidad podría estar arruinando tu vida.