Ritual de purificación para empezar el año

Todas las sociedades, tribales o no, tienen alguna forma de rito de paso o transición vital. Un rito que marque  el tránsito de una etapa de la vida a otra o señale algún evento de importancia: el fin de la infancia y el inicio de la responsabilidad, el título de caballero o guerrero, el matrimonio, las ceremonias de graduación académicas, las bodas de plata, hasta el paso al otro mundo en los funerales.

En el judaísmo, tenemos el Bar Mitzvá a los trece años (para los hombres) y el Bat Mitzvá  a los doce años (para las mujeres), que marcan el paso a la madurez y la consideración de miembros responsables de sus actos ante la comunidad.

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Bar Mitzvá

En el catolicismo, entre los doce y los dieciocho años el sacramento de la confirmación, en que el creyente confirma ante la comunidad la fe recibida de sus padres  y se convierte en un miembro activo de la iglesia que defiende su fe y la transmite.

Los amish tienen todo un periodo ritual llamado Rumspringa,  una moratoria psicosocial que permite a los adolescentes experimentar con relativa libertad en el mundo exterior a la comunidad amish (que los amish llaman a veces «parque de recreo del diablo») y reflexionar sobre el curso que van a seguir sus vidas antes de convertirse en amishs adultos y contraer matrimonio.

En  círculos sociales de la clase alta, y para las mujeres, tradicionalmente tenemos las puestas de largo, que cumplen una función de señalamiento social y de apertura de la veda para el ritual del cortejo. Para un joven, un acto como el primer afeitado u obtener el permiso de conducir  puede hacer las veces de rito hacia la  juventud y mundo de los adultos y marcar indeleblemente el cambio.

Hoy en día, con el desprecio por el símbolo religioso y el ritual, muchas de estas señalizaciones sociales han perdido su vigencia. Pero la necesidad de marcar transiciones  permanece. Seguimos necesitando adoptar un estado de ánimo o una actitud especial para los cambios que inevitablemente se suceden en nuestras vidas.

Todo ritual va unido a una liturgia, a unos procedimientos llenos de símbolos y alegorías  que cumplen una función práctica además de espiritual. La cultura, la religión, las asociaciones, nos proporcionan algunas de estas valiosas herramientas existenciales que se pierden cuando dudas de las creencias recibidas, de la fe de tus padres o las costumbres de tu entorno social.

En el minimalismo existencial, propongo aprovechar las antiguas tradiciones, eligiéndolas conscientemente, responsablemente, y creando los rituales, que marquen nuestras transiciones individuales. He hablado, por ejemplo, del Shabbat y de la necesidad de una liturgia de desconexión exterior, digital e intencional, para conectar interiormente y con las personas que deliberadamente elijo.

En un tiempo en que se abandonan estas tradiciones, incluso en sus propias comunidades de origen, es más importante que nunca recuperar el poder del ritual y la liturgia. Llámalo Shabbat o llámalo «tiempo para ti mismo en la naturaleza y con la familia», pero crea una etiqueta que te recuerde que hay un tiempo sagrado. O «sagrado», si te desagradan las connotaciones  religiosas.

Hoy hablo del ritual de purificación de inicio de año, el que me permite despejar las cubiertas mentales.

Zafarrancho de combate: despejando las cubiertas mentales

El ritual de purificación de inicio de año es la señal que me envío para comenzar otra vez, adoptar una actitud de apertura y nuevo comienzo, a pesar de que todo a mi alrededor siga siendo externamente lo mismo: mismo trabajo, mismo entorno, mismos amigos, misma casa, mismas urgencias, mismas obligaciones.

Los comienzos de año o los comienzos de cualquier etapa y fin de la anterior pasan desapercibidos si no los marcamos mentalmente. Los eventos significativos han de ser señalados para la comunidad y para uno mismo.

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(De zafar, desembarazar, y rancho).

1.  m. Mar. Acción y efecto de desembarazar una parte de la embarcación, para dejarla dispuesta a determinada faena. Zafarrancho de combate, de limpieza.

En inglés, el término equivalente es más visual: “clear the decks”, literalmente «despejando las cubiertas del barco«. Significa lo que en español, pero se suele usar en sentido figurado: prepararse para una acción o trabajo eliminando previamente todo lo que obstaculice esa acción prevista.

Me imagino a un buque de guerra preparándose para el abordaje, retirando las sogas y cubos, arriando las velas, desempolvando los cañones y  un torbellino de marineros y soldados dirigiéndose a sus puestos de combate mientras la bandera del barco pirata se distingue ya en la distancia.

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En flickr: https://flic.kr/p/dH7Y7g

Hay que eliminar todo lo que  dificulte el libre movimiento de marineros y armas en la cubierta del barco.

Algo similar he hecho este año cuando planeaba  el 2015. En vez de comenzar con un plan estratégico con sus correspondientes metas y objetivos intermedios, con  una programación de actividades con hitos y entregables en cada uno de los meses y reencarnaciones, he preferido empezar soltando lastre.

Soltando lastre

El lastre que se interpone entre mi visión y mi situación actual, el que me entorpece el camino y ofusca mentalmente, es sobre todo informacional y adopta la forma de:

  • Proyectos en curso que han perdido energía y que se van asemejando cada semana que pasa a proyectos-zombies, todos saben que están muertos  pero ellos siguen arrastrándose por  el suelo de los días.
  • Tareas procrastinadas. Esas que aparecen día tras día en la lista de tareas diarias y semanales y que de todos modos me las arreglo para evitar.
  • Deudas pendientes de pago. Y que siguen pesando sobre mi conciencia. Tanto monetarias como no monetarias.
  • Compromisos asumidos verbalmente pero que no acabo de completar y que por tanto siguen pesando sobre mi conciencia, como UPAs (Unidades Permanentes de Atención en la memoria), a menudo en forma de sentimiento de culpabilidad o débiles racionalizaciones.
  • Un escritorio lleno de carpetas, archivos, y residuos digitales que me digo que algún día eliminaré, archivaré o incorporaré a algún proyecto.
  • Mi lista de favoritos en el navegador, que crece sin fin, y que sé que jamás podré explorar debidamente.
  • Una bandeja de entrada de correo que dista de ser mi bandeja de entrada viriginal ideal. En ella se acumulan decenas correos sin respuesta o ni siquiera inspeccionados y que aúllan lastimeramente cada vez que abro el gestor de correo.
  • Hojas sueltas con listas de tareas.
  • Facturas no pagadas o incluso ya vencidas.
  • Carpetas especiales con montones de artículos de blogs y listas de correo a los que estoy suscrito y en los que a duras penas puedo mantenerme al día.
  • Comentarios en el blog que todavía no he respondido, algunas con varias semanas de antigüedad.
  • Libros físicos que se agolpan en las estanterías y encimeras esperando el improbable turno de ser leídos.
  • Y un gran etc.

Cada uno de vosotros podría confeccionar su particular lista de material físico, digital y mental en las cubiertas de la memoria a corto plazo y en el espacio visual que entorpece los movimientos y la ejecución.

Mi lista de la compra inversa o lista de la descompra es esta:

Despejar las cubiertas

Antes de pensar cómo orientar la siguiente reencarnación y el próximo año es conveniente ejecutar este ritual de purificación que elimine la multitud de asuntos pendientes.

Navegador sin favoritos
Navegador limpio de favoritos y distracciones

Bandeja de correo virginal
Paz-
Arbol de la vida 2015
Arbol de la vida 2015
Escritorio limpio
Escritorio

Los espacios en blanco libres de actividades, objetos, y compromisos son hermosos y liberadores. Una vez que tienes las cubiertas limpias y organizadas y has creado un espacio minimalista en el loft de tu mente, es mucho más fácil poner el contador a cero.

Referencias