Para tener buenas ideas hay que tener muchas ideas
–Linus Pauling
En mini-meditaciones propuse sustituir la meditación formal en periodos largos por pequeñas meditaciones de segundos o escasos minutos a lo largo del día.
Sugerí cuatro posibilidades. En este artículo sugiero diez decenas más.
Os pido que al final del artículo me aportéis al menos una mini-meditación adicional. Es justo: yo cien, vosotros una cada uno. O diez, si sois más imaginativos y audaces. O las que os plazca, que para eso tengo liberados los comentarios. Me da lo mismo que se repitan.
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- Por la mañana, al encender el ordenador, y mientras estás esperando sentado a que se encienda, respiras profundamente.
- El primer bocado del desayuno, comida o cena. Sientes el tacto del alimento en la lengua.
- Entras por la puerta de casa. Pasado el umbral sientes el equilibrio de la cabeza sobre el cuello.
- Suena el teléfono. En vez de apresurarte a responderlo, haces una respiración profunda consciente.
- Al abrir una puerta observas detenidamente el giro de la llave.
- Cuando esperas a que llegue el ascensor, sientes el peso del cuerpo sobre los pies.
- Estás andando por la calle. En cualquier momento, te fijas en el movimiento pendular de los brazos.
- Escribiendo en el ordenador. Pones el foco en el movimiento de los dedos mientras tecleas una frase. Como observador de los movimientos musculares simplemente.
- En cualquier lugar y momento. Prestas atención al sonido más lejano que seas capaz de percibir.
- Estás bebiendo un vaso de agua. Sientes el frescor del agua en la boca.
- Sentado en una silla, enfocas la atención en el roce del respaldo sobre la espalda.
- Delante de la pantalla del ordenador. Escuchas el sonido del teclado mientras escribes.
- En cualquier momento, en cualquier lugar, paras y respiras profundamente tres veces.
- Nada más entrar al coche y antes de encender el motor. Haces dos respiraciones conscientes.
- Estás en la cola del supermercado. Observas los pensamientos y emociones mientras esperas.
- En cualquier momento, fijas la atención en el codo derecho y «escuchas» lo que sientes.
- Mientras andas o estás sentado, sientes la inclinación del cuello y el peso de la cabeza.
- Cuando has salido a correr, en vez de encender el iPod, te centras durante un minuto en las sensaciones de los pies golpeando la tierra o el asfalto.
- Programas mindfulnessbell para que suene cada cierto tiempo. A la manera de los monjes budistas, cuando suene dejas de hacer lo que quiera que estuvieras haciendo respiras profundamente un par de veces y te centras en ser, en vez de hacer, en el aquí y el ahora. Después retomas tu trabajo.
- Sientes un picor. Observas con curiosidad el impulso de rascarte, lo inhibes y toleras el picor hasta que finalmente desaparece.
- Estás intentando dar con una idea. Fijas la mirada en un punto de la pared y no piensas en nada.
- Estás viendo la televisión. Quitas el volumen y durante tres minutos te fijas en los gestos de las personas que aparecen en la pantalla.
- Ves a una persona de aspecto peculiar en la calle. Observas tu reacción emocional y las palabras que te dices.
- Alguien dice algo que no compartes. Sientes la tensión en tu mandíbula o en cualquier otro lugar donde se manifieste.
- Estás en el dentista haciéndote una limpieza y sientes el torno en los dientes. Observas la tensión de tus manos o en los ojos apretándose o en la mandíbula.
- Estás en una conferencia, observas detenidamente el aspecto del conferenciante, sus movimientos, sus gestos, su mirada, la forma en que va vestido. Intentas centrarte en los detalles y en las sensaciones que la persona suscita.
- Por la mañana, después de servirte la taza de leche o café. Sostienes la taza entre tus manos y durante unos segundos sientes su calor sobre tus dedos.
- En cualquier momento o lugar, sin intentar cambiar nada, observas una de tus respiraciones.
- Vas a acceder a un edificio oficial y hay un torno. Lo atraviesas y sientes la presión del torno sobre tu cuerpo.
- Hay una conversación en la habitación de al lado. Durante unos segundos sientes el runrún o musicalidad de la conversación sin preocuparte de las palabras.
- Por la mañana, nada más levantarte, sientes el agua fría o caliente sobre tu cara.
- Miras el teclado, fijas la mirada en la esquina superior izquierda, alrededor de la tecla de escape, y observas las motas de polvo u otras partículas que se acumulan.
- Comienzas a leer un libro. Lo abres por cualquier página y acercas tu nariz para percibir el olor de las páginas de un libro nuevo.
- Estás cansado de leer una lista interminable. Paras cinco segundos y disfrutas de la sensación.
- Estás cansado de leer una lista interminable. Tomas una hoja de papel o abres un documento de texto en tu escritorio y escribes tu propia lista de quince elementos. Luego compruebas si esos elementos estaban en la interminable lista del autor que estabas leyendo.
- Vas a salir a correr y te estás poniendo la zapatilla derecha. Te centras en observar la automaticidad y agilidad con la que te anudas los cordones.
- En cualquier momento y en cualquier lugar, acercas las yemas de tus dedos a la palma de la mano y te concentras en la sensación del roce cosquilloso sobre la piel.
- Estás andando. Sientes durante unos instantes el movimiento del aire sobre tu piel, por ligero que sea, aunque estés en un lugar cerrado o no haya nada de viento, ni una ligera brisa.
- Tienes hambre, estás ya sentado a la mesa, a punto de devorar el primer plato. Te retienes un instante y sientes la salivación preparatoria.
- Estás paseando por el parque. Escuchas el ruido de la arena producido por tus pisadas.
- Enciendes o apagas una lámpara. Escuchas el clic.
- Estás incómodo en la silla. Te vas a acomodar. Inhibes el movimiento. Sientes los puntos de tensión en la espalda durante diez segundos. Entonces te acomodas.
- Te acabas de lavar las manos con jabón. Acercas el dorso de una mano a tu nariz y disfrutas del olor a limpio.
- Acabas de leer una frase o un párrafo inspirador. En vez de precipitarte en busca del siguiente, cierras el libro, haces una pausa y dejas que el sentido de lo que has leído reverbere en las bóvedas de tu cráneo y se expanda en asociaciones no forzadas.
- Tomas una hoja de papel y escribes una frase, la que sea, sintiendo el roce del lápiz en el papel.
- Abres la puerta de un armario viejo y sientes el crujir la madera y las bisagras.
- Cierras un cajón y te enfocas en sentir la sensación del cajón encajando totalmente en su hueco.
- Remueves el azúcar en el café y disfrutas del tintineo de la cuchara sobre el vaso o la taza.
- Tomas un posavasos y recorres con un dedo toda su circunferencia.
- Es de noche, son las cuatro de la mañana. Durante unos minutos intentas localizar el mayor número de sonidos posible.
- Con el dedo dibujas una letra muy grande imaginaria en el aire, como si estuvieras en clase de tai chi.
- Te estás cortando las uñas. Cada vez que te deshaces de una sientes una parte de tu cuerpo separándose de ti.
- Estás ante una pared pintada al gotelé, acercas una mano y durante diez segundos acaricias la pared.
- Estás en el autobús. Cierras los ojos y sientes la aceleración, la presión del asiento sobre tu espalda, el bamboleo y cambio de marchas del autobús.
- Estás intentando dar con más ideas para un informe y no aparece ninguna. Haces una pausa y observas la sensación de querer obtener ideas y sentir que el pozo mental está seco.
- Te acabas de levantar y estás bajo la ducha intentando desperezarte. Sal de tu cabeza y siente el agua resbalar sobre tu piel.
- Es verano y es un verano seco, pero echas de menos el sonido de la lluvia y la tormenta. Entras en SimplyRain y escuchas durante unos minutos el repiqueteo de la lluvia y el retumbar de los truenos.
- Entras en un bar o local desconocido por ti. Dejas de hablar contigo o con otras personas y sientes la sensación que la atmósfera suscita en ti.
- Abres un libro de haikus o buscas uno en la red. Tomas uno al azar y lo lees. Durante tres minutos te quedas con él. Lo lees. Lo reposas. Lo relees. A ser posible no lo pienses, dejas que genere asociaciones por sí mismo sin intelectualizarlo demasiado.
- Buscas todos los objetos de color rojo en el lugar donde te encuentras y te recreas en la diversidad de matices del rojo.
- Estás al aire libre. Tomas un objeto cualquiera y te fijas en la forma en que los rayos del sol se reflejan en él.
- Acaba de llegar un nuevo tweet. Ves el número indicador de nuevos tweets «1 nuevo tweet». Observas el impulso de cliquear. Disfrutas del placer de negarte el capricho.
- Pides a tu mente que genere una palabra al azar. Te entrega casi inmediatamente la palabra. Por ejemplo, «sinagoga». La pronuncias pausada y entrecortadamente, como si fueras Humbert Humbert pronunciando Lolita : si-na-go-ga. Sientes la sibilante ese, la nasal ene y la pareja de ges acercándose al velo del paladar.
- Cuando abres una puerta lo haces con mucho cuidado, giras el pomo con extremo cuidado y lentitud y cierras sin hacer ruido.
- En medio de la jornada laboral, en cualquier momento, o entre pomodoro y pomodoro, te levantas y miras a lo lejos a través de una ventana sin pensar en nada en especial.
- Te sientas en la silla con plena conciencia de tus movimientos.
- Estás en un gran almacén. Te diriges al departamento donde quieres comprar algo ignorando los vendedores, los reclamos de los precios rebajados y centras tu atención en caminar por los pasillos sin desvíar tu mirada hacia otros productos.
- Tomas una aceituna y durante tres minutos la observas sin comerla. La hueles, la tocas, la miras, notas sus formas.
- Sales a una calle ruidosa y te centras en la variedad de sonidos. Pausadamente individualizas uno por uno los distintos sonidos manteniendo como telón de fondo el resto.
- Subes un tramo de escaleras muy lentamente.
- Cuando alguien dice tu nombre, demoras la respuesta y observas el efecto que tiene sobre tu nivel de activación emocional.
- Oyes unos pasos en el pasillo y te fijas en su cadencia e intensidad.
- Te llevas la mano al cuello y la desplazas lentamente por él durante quince segundos.
- Un programa tarda en cargar. Cierras los ojos, haces una respiración y la observas. Vuelves a abrir los ojos.
- Empiezas a notar la respiración acelerada y la tensión. Te das cuenta. Paras de hacer lo que estás haciendo. Te sientas. Respiras tres veces con plena conciencia.
- Estás caminando y centras tu atención durante diez segundos en tu rodilla izquierda.
- Tomas una naranja y pasas la mano por su superficie para sentir su rugosidad.
- Estás comiendo. Te quedas delante del plato oliendo y mirando sin tocarlo.
- Estás en un bar o local de entretenimiento. Cambia la canción. Experimentas la transición y el distinto tono emocional que genera.
- Vas andando con ritmo algo agitado, te das cuenta. Deceleras durante unos segundos antes de volver a retomar el ritmo anterior.
- Estás en un restaurante. El camarero trae el menú. Observas en tiempo real el proceso mental de decisión de los platos intentando no interferir con él.
- Tomas un lápiz o bolígrafo y te pinchas en un dedo. Te quedas unos segundos observando como la sensación remite poco a poco hasta desaparecer.
- En un momento cualquiera, dejas lo que estás haciendo, e intentas escuchar tu respiración sin cambiarla.
- Suena a lo lejos una trompeta de celebración de un gol. Tomas nota y sigues haciendo lo que sea que estuvieras haciendo sin hacer ningún esfuerzo por enterarte del resultado.
- Dejas de teclear en el ordenador o portátil y durante veinte segundos escuchas el sonido del ventilador. Llevaba ahí todo el día, pero ahora te das cuenta.
- Saludas a alguien dándole la mano y te centras en la fuerza del apretón y la tonalidad emocional que ha transmitido con ese apretón de manos. Pero no intelectualizas o conceptualizas lo que has sentido. Lo dejas ahí.
- Tomas un lápiz y sobre una hoja escribes el símbolo @ con cuidado extremo, como si de tu precisión en el trazo dependiera el futuro de la humanidad.
- Te cepillas los dientes. Por una vez, observas el giro de muñeca mientras dura la operación.
- Escribes una larga lista como esta para resolver un problema o para generar opciones con un fin concreto: encontrar trabajo, aumentar las ventas, diseñar productos, etc. Escribiendo esta lista he experimentado un efecto de enfoque y calma general que es propio de los estados de meditación.
- Durante unos segundos te centras en escuchar el viento moviendo las persianas de tu habitación.
- Paseas por un parque público, te sientas en un banco. Cierras los ojos mientras el sol te acaricia la cara.
- Tomas una hoja de cualquier planta y durante cinco minutos la observas en todos sus detalles como si fuera la primera vez en tu vida que ves una hoja.
- Te subes a un columpio en un parque infantil y te balanceas durante tres minutos dejándote llevar por la repetición y el movimiento.
- En el gimnasio, en cualquier aparato, te comprometes a hacer una serie de ejercicios con perfecta concentración.
- Estás en la cama a punto de acostarte. Recuerdas una cosa buena que te haya ocurrido en el día con todos los detalles posibles.
- Acabas de despertarte pero estás todavía en la cama. Te pones boca arriba, estiras los brazos y las piernas y permaneces dos minutos antes de levantarte sintiéndote descansado tras 7 horas de sueño.
- Escuchas música, a ser posible un fragmento instrumental, evitas hacer nada más, te centras en la música y las sensaciones que produce.
- Estás en el autobús en un día lluvioso junto a la ventana. Observas acríticamente las gotas de agua reptar por el cristal y vibrar hasta desprenderse.
- Haces un sudoku sencillo. El mundo se convierte en una cuadrícula de números entre el 1 y el 9.
- Tomas un trozo de arcilla y durante unos minutos te recreas en su maleabilidad y el roce sobre tu piel.
