Es como cortar un gran árbol de inmenso tronco. No lo lograrás con un simple corte de tu hacha. Si sigues dando hachazos, duramente y sin pausa, al final, tanto si quiere como si no quiere, en un momento dado repentinamente se desmoronará. Cuando llegue ese momento, tú podrías buscar a alguien y pagar para que vuelvan a levantar el árbol, pero no podrían. Se vendría de nuevo abajo…
Pero si el leñador parara después de uno o dos golpes de hacha a preguntar al tercer hijo del señor Chang, “¿Por qué no se cae este árbol?” Y después de tres o cuatro más hachazos se parara de nuevo a preguntar al cuarto hijo del señor Li, “¿Por qué no se cae el árbol?”, nunca conseguiría derribar el árbol. No es diferente para alguien que practica el Camino.