Yo ya vivo en un palacio

Trabajamos siempre o casi siempre con una meta en mente: adquirir recursos para construir experiencias en las que nos visualizamos satisfechos y quizá felices. Después de todo, también queremos los objetos para que nos proporcionen experiencias. Puede que pasemos gran parte de nuestra vida trabajando para comprar los materiales de nuestro particular palacio de posesiones y/o experiencias

La publicidad nos ayuda a crear esas visiones de bienestar.  Somos bombardeados día tras día por tierra, mar y aire. Para que echemos de menos objetos que han de formar parte de nuestro palacio personal.

Night time at The Palace

En ese constante medrar y esforzarse por conseguir recursos monetarios con los que comprar los ladrillos del palacio, perdemos de vista el día a día, que se convierte en un medio para un fin. Trabajamos y vivimos para algo mejor que es comprable y siempre está por llegar.

 Cuando conviertes una actividad en un medio para un fin, la actividad pierde parte o todo su atractivo. Nuestra motivación intrínseca sufre si enfocamos nuestra meta en lo que podemos conseguir con la actividad más que en las experiencias que nos proporciona la actividad. No digo que no tenga que haber actividades instrumentales. Solo digo que no parece razonable convertir todo lo que hacemos en un instrumento para conseguir algo mejor.

Cuando trabajas para construir tu palacio de experiencias o posesiones materiales puedes perder de vista que ese trabajo no es gratuito. Tiene un coste de oportunidad. El tiempo que dedicas es valioso y lo sacrificas para obtener materiales para el palacio.  Todo lo que hacemos, aunque no paguemos por ello, aunque nos proporcione beneficios monetarios, tiene un coste implícito, el coste de la renuncia a la mejor alternativa disponible.

De la misma manera que si compras un 4×4 para ponerte a la par con tus vecinos estás renunciando a comprar libros, viajes, o ampliar tu casa, cuando trabajas estás renunciando a lo que podrías hacer con ese tiempo: contemplación, pasar más tiempo con tu familia, bricolaje o lectura. Pero somos poco sensibles a lo invisible de las alternativas descartadas, así que seguimos trabajando por construir nuestros palacios en el futuro, que son muy visibles emocionalmente por obra de la publicidad.

Mi palacio es de tiempo

Esta es mi alternativa. Aunque una buena parte de mi día tiene que ver con actividades instrumentales, intento dedicar todo el tiempo que pueda a vivir en un palacio que ya existe: mi palacio del tiempo. No solo intento vivir más a menudo en ese tiempo presente que es un fin en sí mismo, también procuro que mi palacio temporal sea cada día más amplio, más habitable, más vivible.

Aunque parece que pierdo el tiempo, que no hago nada, que no consigo nada; estoy construyendo y viviendo todos los días en un hermoso palacio de tiempo. Solo yo puedo verlo y solo yo puedo habitarlo; aunque como ser generoso y buen anfitrión intento tener muchos invitados. Algunos incluso se quedan a dormir en mi palacio, otros están de pasada, y algunos llevan años viviendo; pero todos son bienvenidos y bien hallados.

Hay cosas que merece la pena tener aunque no puedan comprarse.

P.D.  Me debato entre ser un aprendiz de gurú new age y una esforzada señorita que escribe redacciones sentimentales para la clase de lengua española.