El héroe se aleja, avanza, y soporta la incertidumbre.
–Ibsen.
[Este artículo pertenece a la serie Minimalismo Diabólico]
Vivimos en una cultura tan preocupada por la gratificación inmediata y sentirse bien en todo momento que no es extraño que la confianza, que tan bien sienta, sea uno de los becerros de oro a los que adoramos.

La frase de Henry Ford, «Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estás en lo cierto «, ha sido repetida hasta la extenuación como un mantra y un axioma indubitable. Es el tipo de verdad evidente que parece profunda y que deja un buen sabor de boca después de ser proferida. Qué fácil sería todo si simplemente fuera una cuestión de confianza. Bastaría con que nuestra sentimiento sobre las posibilidades de éxito de algo fuera la garantía de conseguir ese algo.
El argumento es el siguiente: tu motivación depende de la confianza que tengas; si no confías en que puedes lograr algo, entonces no lo emprenderás o lo harás con poca energía, con lo que tus posibilidades de tener éxito son bajas. En cambio, si confías en ti, si eres optimista con respecto a lo que puedes lograr, entonces pondrás tu cuerpo y alma en la empresa, y es casi seguro que vencerás.
Por lo tanto, el estado mental es el que determina el futuro. Así que cambia tu estado mental, tu confianza, y cambiarás el futuro. La lógica parece irrefutable y la evidencia subjetiva parece fuerte. Después de todo, hay una correlación: cuando nos sentimos confiados las cosas van bien y nos sentimos animados.
Ya, esto está muy bien, pero… ¿qué hacer si no tengo confianza?
La respuesta es tautológica: si no tienes confianza es porque no te sientes confiado y tienes que hacer algo para estarlo. ¿Cómo recomiendan los psicólogos populares que recuperes la confianza?
- Usa afirmaciones del tipo «Yo puedo conseguirlo» .
- Visualízate con el trofeo en la mano, siendo felicitado por tu trabajo o en brazos de la mujer de tus sueños.
- Rodéate de gente positiva que te proporcione confianza y te anime.
Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué tipo de persona va por la vida repitiéndose «yo puedo», «Nada me puede parar», «Seguro que lo consigo»? Tengo la sensación de que no es la persona que logra cosas, sino la persona perezosa o medrosa que prefiere dedicar el tiempo a cambiar su estado mental y no a hacer el trabajo sucio de intentar y equivocarse.
Algunas dudas sobre la importancia de la confianza
Cuando un jugador está en racha, pongamos en el baloncesto, decimos que tiene la mano floja, que se siente confiado, y explicamos las rachas por esa confianza interior. La cuestión es: ¿es la confianza la que crea los resultados o son los resultados los que hacen varíar la confianza? En el imaginario colectivo parece que se pone el énfasis en lo primero: para emprender acciones y lograr resultados necesitas antes tener confianza.
Pero quizá no sea así. En el caso del baloncestose ha comprobado que las presuntas rachas, que parecen ir unidas a una gran confianza, no son tales: no son más que series probables dentro de un fenómeno aleatorio; es como si tiraras 5 veces la moneda y sacaras 5 veces seguidas cara: te parecería algo sorprendente, y tenderías a relacionarlo con algo: el destino, el giro especial de tu muñeca, tu confianza en sacar las caras o tu poder mental. El hecho es que una racha de 5 veces caras es algo que ocurre por término medio una entre treinta y dos veces. Lo mismo lo podemos aplicar al baloncesto y a muchas otras actividades en la vida.
¿Y qué decir sobre que si no tenemos confianza no estaremos motivados?
No son los acontecimientos con una recompensa más probable los que más nos motivan; al contrario, una probabilidad muy alta de lograr algo nos hace perder la motivación. Según estudios del circuito neurológico de búsqueda parece que el tipo de meta más motivante es la que tiene un 50% de probabilidad de éxito. Esta cifra parece muy alejada de la necesidad de tener confianza plena en el éxito para estar muy motivados.
Por qué el énfasis en la confianza es contraproducente
- Si no tienes esa confianza, no comenzarás o te costará más comenzar.
- Pondrás el énfasis en cambiar tu estado mental en vez de cambiar el las circunstancias del mundo externo para que estas te faciliten el logro de tus metas.
- El estado subjetivo de confianza es muy variable, depende mucho del momento, y a veces de circunstancias que no tienen nada que ver con el proyecto en curso.
- Harías mejor en dedicar tu atención y esfuerzo a percibir la situación real actual y en crear estrategias que en perder el tiempo intentando dilucidar si tu confianza es óptima esta mañana y si necesitas ponerte una canción de la película Rocky para mejorar tu ánimo.
- Raramente la confianza nos da una imagen fiable de nuestra cercanía a la meta.
- Es natural que cuando estás empezando algo nuevo y aprendiendo no te sientas confiado.
- Sentirse confiado siempre, independientemente del nivel de dificultad de la tarea, es estúpido.
- Si hay algo verdaderamente valioso para ti te arriesgarás, podrás pasar por encima de la falta de confianza y avanzarás.
- Es más probable que los resultados generen confianza que al contrario.
- Una vez que consideras que quieres obtener algo valioso para ti la preocupación por la confianza es una distracción o evitación de la acción.
La humildad es mejor que la confianza
La humildad es el antivalor que puede sustituir, o al menos sobreponerse, a la confianza. Es una virtud en el sentido tradicional cristiano, pero es un antivalor respecto al espíritu de los tiempos:
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«Aumentar la confianza» ——> resultados google —> About 1,670,000 results (0.24 seconds)
Según Alan Furth, de Minimum Opus, las relaciones más horizontales–y menos jerárquicas– propiciadas por Internet harán que la humildad entendida como apertura mental y antídoto contra el endiosamiento y el egocentrismo emerja como valor central en el siglo XXI:
La horizontalidad extrema de las redes distribuidas rescatan el valor de la genuina humildad como un atributo del carácter, tal como se ve en la ética que emerge en las comunidades de desarrolladores de software libre (como parte de un conjunto complejo de valores que se refuerzan mutuamente). Y en términos más generales, las culturas de las organizaciones basadas en redes distribuidas pueden caracterizarse como relatos en los que predomina la humildad de la lírica sobre la arrogancia de la épica.
Alan Furth defiende convincentemente el valor de la humildad en el siglo XXI. La interpreta como un reconocimiento de nuestra pequeñez ante la inmensidad del universo y del conocimiento; sobre todo, de nuestra falibilidad; no como fruto de la sumisión al poder.
La humildad es crucial para mantenernos conscientes de nuestra falibilidad.
Independientemente de cuanta experiencia, conocimiento o destreza podamos tener en un campo determinado, siempre tenemos que mantener un mínimo de apertura mental hacia cursos de acción potencialmente mejores que aquel con el que actualmente estamos comprometidos.
Alan además proporciona consejos prácticos para desarrollar la humildad:
- Practicar el fracaso.
- Contemplar la inmensidad del universo.
- Contemplar obras de arte grandiosas.
- Dejar que los propios argumentos sean «aplanados» de cuando en cuando.
En resumen
Una vez que hayas decidido emprender un proyecto y aceptado el riesgo, olvídate de la confianza o desconfianza en tus posibilidades . Céntrate en lo que ocurre a tu alrededor y en llenar con acciones la brecha entre lo que existe ahora y lo que quieres que exista. La confianza es un dato emocional más, pero no una variable que tengas que modificar. Va y viene sola. No te preocupes por ella. Soporta la incertidumbre, vive con ella.
No necesitas confianza, lo que necesitas es competencia.
Practica y desarrolla la virtud de la humildad, reconoce tu falibilidad como ser humano, sigue aprendiendo. Muéstrate abierto y dispuesto a cambiar. No mantengas una imagen exagerada de ti mismo.
Hay cosas que puedes lograr y cosas que no. Es difícil que sepas con certeza de lo que eres capaz hasta que lo has hecho. No eres omnipotente ni omnisciente. Sin embargo, como el héroe, puedes emprender proyectos sin tener certezas ni confianza completa en que lleguen a buen puerto.
Gran parte de las empresas humanas más valiosas empezaron como saltos en el vacío
Una buena actitud no sustituye a la competencia. La competencia no se logra repitiendo afirmaciones positivas y acudiendo a cursos de motivación. Punto.
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