La vida es aquello que nos ocurre mientras estamos haciendo planes.
–Atribuido a John Lennon
–Es una expresión que viene del baloncesto americano. Son los últimos cuatro o cinco minutos del partido, cuando ya está todo decidido, no hay nada en juego y los entrenadores aprovechan para sacar a los novatos o a los veteranos mal conservados. Se juegan porque tienen que jugarse, porque lo dice el reglamento.
Minuto viene del latín, Minutus, que significa pequeño. Con esos minutos de la basura estamos realmente hablando sobre los pequeños de la basura…
En la vida tenemos un montón de esos minutos de la basura: limpiando la mesa, preparándonos un bocadillo rápido, esperando a que alguien llegue, esperando el autobús, esperando las vacaciones, esperando el volver al trabajo, esperando que algo empiece, esperando que algo acabe…
De hecho, muchas veces vivimos como si gran parte de lo que hacemos fuera una espera de que ocurra algo mejor o más importante o de que empiece la verdadera acción. Perdemos la paciencia con esos minutos. Pero forman parte de la acción.-
¿Y si hubiera algo más?
La vida es realmente ese “entre-medias”, las cosas que pasan cuando parece que no está pasando nada o cuando estamos preparando para que algo pase. Lo que ocurre entre los grandes sucesos, o lo que llamamos “grandes sucesos”, es siempre lo más abundante. En una novela, por genial que sea, hay pocos momentos álgidos; en una vida también.
En la búsqueda de la excelencia hay momentos, ¡los más!, en los que parece que no está pasando nada. Vivimos en una meseta la mayor parte del tiempo. Parece entonces mal negocio el despreciar lo que pasa la mayor parte del tiempo.
El principio del ojo de cerradura, del que tendremos que hablar más adelante, también nos aconseja tomar nota de cualquier suceso, por insignificante que sea. De ellos podemos aprender mucho. Si esos minutos de la basura son realmente “minucias” –es decir, insignificancias– quizá debamos ser más minuciosos.
Ya lo estoy oyendo: “Pero, Homo Minimus… esto parece contradecir el principio de Pareto y tu prescripción minimalista de centrarnos en lo importante”.-
Bueno, el problema con “lo importante” es que a veces está donde menos te esperas. Por eso una actitud receptiva y atenta, incluso con las minucias, pueda hacernos detectar lo importante; o mejor, convertir en importante lo que no lo parece, al conferir a lo pequeño la importancia a través de una mirada interesada.
¿Y qué tal si rehabilitamos a esos momentos de la basura y les damos su importancia aunque parezca que no la tengan? Quizá no la tienen. Pero… ¿y si la tuvieran?
Quizá debamos dejar de matar el tiempo, aunque sea en forma de minutos, y prestar atención a esos periodos que parece que no van a ninguna parte ni tienen razón de ser.-
Experimento: la próxima vez que estés en un ascensor (o donde sea) deseando que pase rápido el tiempo y llegue a la planta quinta (o la que sea) párate a pensar en esos minutos (o segundos) de la basura, sé consciente de ellos, y haz un esfuerzo por saber qué hay en ellos. También has de aprender a jugar esos minutos de la basura.
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