Que me pongan lo no bailado

Dicen que uno de los lamentos más grandes que tiene la gente en el lecho de muerte se refiere a las cosas que no hicieron, las cosas que no se atrevieron a hacer, principalmente por miedo o inconsciencia.

El bíblico “todo será crujir y rechinar de dientes” no es tanto, dicen, por lo que uno hizo, sino por lo que uno no hizo.

Esto resuena fuertemente con nuestra cultura contemporánea, donde te animan a hacer antes de pensar sin mirar demasiado hacia el futuro (»Por qué tu lo vales», «Carpe diem», «Tú lo mereces», «Hazlo mientras puedas», «No pierdas la oportunidad», etc.) y juegan con tu miedo a la pérdida para venderte algo.

Está de más decir —pero lo digo— que estos mensajes favorecen y son favorecidos por la doctrina del consumo como vía regia hacia la felicidad y por las empresas que venden sus productos y servicios, y desean que seas un adoptante temprano, un probador beta de sus productos y busques siempre lo nuevo, para que lo nuevo se convierta pronto en viejo y vuelta a empezar.

Pero yo me digo: ¿por qué aumentar las pre-ocupaciones con el pensamiento de que me estoy perdiendo algo ( «La hierba del vecino siempre es más verde», «En la próxima línea de WhatsApp o de twitter está el gran mensaje que cambiará mi vida», «Viaja a Vietnam (Tailandia ya está pasada)»).

¿Por qué sentirme tan temeroso por las opciones descartadas o ni siquiera tenidas en cuenta? Las opciones disponibles son de magnitud inabarcable (un plano sin límites y las infinitas líneas que lo pueblan) y nuestras vidas son segmentos curvilíneos (una sola curva a disposición de cada alma) que describen una trayectoria única, finita (y no repetible).

Cuando uno mira hacia atrás (y es conveniente hacerlo cada cierto tiempo), observa (y construye) la trayectoria hasta entonces recorrida y considera las opciones no tomadas, estas a veces queman. ¿Qué valor tiene una vida finita ordinaria comparada con las infinitas vidas imaginadas (quizá imposibles) mejores?

El juego de las vidas no ensayadas es un juego perdido. Es jugar contra el destino, que siempre tiene las cartas marcadas.

No, no importa lo no bailado, lo no bailado es lo que argumentan los que te quieren vender algo para persuadirte mejor.

Lo que importa es lo bailado (el pasado vivido es presente) y el baile que gracias a mis anteriores pasos estoy ahora bailando.

Ante el lamento por lo que no fue, la constatación de que es estúpido y contraproducente que duela.

Así que lo dicho, que me pongan lo no bailado (yo no me voy a dejar).

3 comentarios sobre “Que me pongan lo no bailado

  1. Pues es verdad. A la larga, uno se arrepiente más por lo que no se atrevió hacer en su momento.

  2. Se echaban de menos tus reflexiones, que giran la rosca de lo que uno cree que es un pilar en sus creencias.

    En los últimos años he estado muy preocupado por todas las oportunidades perdidas en el pasado, y por no perderlas en el futuro. Todo esto genera un estrés de hacer muchas cosas sin descanso, en vez de hacer pocas bien y disfrutándolas.
    Además ocurre la paradoja de que por mucho que estés atento, si cuando “llega el tren” estás poco preparado y encima estresado y con la cabeza en las nubes, dichas oportunidades no valen de nada.

    Poco a poco voy dándome cuenta, y tu acabas de contribuir, de que es mucho mejor disfrutar el camino y dedicar esa gimnasia mental a cosas productivas. Que además es menos estresante…

    Bienvenido de vuelta HM!

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