Escoge una conversación diaria o una persona con la que vas a ser deliberadamente paciente todos los días de la semana.
Podrías practicar una escucha más activa, una conversación más calmada y poner mucho cuidado en nunca interrumpir y permitir que la otra persona tenga más tiempo para expresarse y encontrar las palabras.
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Presta mucha atención al lenguaje no verbal y pon el foco en la otra persona y sus pensamientos y menos en lo que vas a decir o en tu réplica. Si te aburres, porque ya crees que sabes lo que va a decir, crea una historia visual con lo que te cuenta la otra persona y añade sabores, colores, movimientos, olores, a esa historia que dibujas en tu imaginación.
En otra variante de esta práctica prestas atención a la persona que tienes delante y simultáneamente a tu respiración, al menos un par de veces durante la conversación.
Antes de responder a una pregunta del interlocutor, puedes dejar pasar el tiempo de una inspiración y expiración. Así no te precipitarás y tendrás oportunidad de salir del modo automático en la comunicación.
En definitiva, experimenta, improvisa, juega.
Esta misión podría considerarse tanto una práctica de atención plena como de fuerza de voluntad y autorregulación.
Cómo recordarlo: disparador
Ponte una pulsera o una goma elástica o goma del pelo en la muñeca derecha (o en la izquierda, si eres zurdo).
Cuando cumplas la misión diaria de mantener una conversación plenamente presente y seas consciente en tres ocasiones durante la la charla de tu respiración y simultáneamente de las palabras de tu interlocutor, cambias la pulsera o la cinta a la mano izquierda (o derecha).
Este recordatorio es aplicable para casi todas las misiones semanales.
Date cuenta también de que he dicho que la misión está cumplida con hacerlo una sola vez al día. Este es mi criterio de mínimos, el hecho observable fácilmente alcanzable; obviamente, puedes hacerlo cuantas veces quieras al día. Igual hasta te vuelves adicto.
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Esta proxima semana, compartiré con los suscriptores del blog en mi carta semanal lo que creo que es el Santo Grial de la formación de hábitos, el bálsamo de Fierabrás, la bala de plata del automatismo en la acción, la panacea a todos los problemas de autorregulación.
Será mi obsequio a los lectores y mi forma de celebrar la primavera.
