Considero que hay un aspecto de la poda minimalista que a menudo queda olvidado o que ni siquiera es reconocido: los lastres mentales y el exceso de teorías sobre el cambio personal. No necesitamos más teorías, necesitamos muchas menos. Aquí también hemos de pasar la guadaña y segar lo que sobra.
En Fracasa más, fracasa con gracia comencé criticando y replanteando la idea de fracaso y propugné la necesidad de cometer muchos errores de manera consciente. Incluso, emprendí un proyecto personal de 5 semanas para aumentar el número de errores. Algunos lectores comentaron que no veían necesidad de buscar los fracasos y que la idea era inútil, casi ridícula.
El mismo rechazo o extrañeza provocó ¡Al diablo con la autoestima!. Esto me ha llevado a pensar que hay un montón de ideas generalmente aceptadas sobre el desarrollo humano que actúan a manera de lastres o de corsés para la expansión vital.
Inversión de valores
Con la serie de Minimalismo diabólico comienzo una serie de artículos que podría considerarse un sacrilegio para muchos ciudadanos bienpensantes-biensintientes. Voy a proponer una inversión de valores, voy a enaltecer antivalores. De ahí la etiqueta de Minimalismo diabólico.
Lo que os encontraréis en las próximas semanas será una purga de valores y creencias sobre la naturaleza humana y el cambio. Algunos de estos artículos os producirán extrañeza, incomodidad y en ocasiones rechazo. Si es así, habré logrado mi meta y os habré mostrado que la luz puede ser oscura y que en lo oscuro podemos encontrar la luz. Nuestro conocimiento de las tinieblas puede irradiar un cierto resplandor.
Se abre el telón
Bienvenidos a un viaje por el lado oscuro del minimalismo existencial. De los espacios en blanco del minimalismo oficial vamos a pasar a la materia oscura y los antivalores del minimalismo diabólico.
Guardad vuestros rebaños, encerraos en vuestras casas, esconded a vuestras mujeres; las próximas víctimas podrían ser vuestras almas.
