Siempre has querido saber cómo hacer desaparecer la poca parte espiritual que te queda. Tu pragmatismo todavía no es completo y tu vida todavía no es sencilla. Desde el punto de vista del minimalismo diabólico, el alma no la carga el Diablo, sino el Divino; es una parte que has de vaporizar para adaptarte mejor al mundo que te ha tocado en la tómbola existencial.
No hay una receta única para perder el alma, puesto que los caminos a la pérdida de uno mismo son tan inescrutables como variados, pero sí que hay maneras más probables de desalmarte y que están al alcance de cualquiera. Puesto que no buscamos lo excelso, no tendremos que molestarnos con lo arduo.
–
–
1. Niega el carácter aleatorio del mundo y su complejidad inherente
Para obviar lo complejo e incierto, busca lo complicado y seguro. A partir de ahora, las recetas de todo tipo –culinarias y de crecimiento personal– han de sustituir a tu pensamiento.
Haz una búsqueda rápida en google o acude a la farmacia del gurú de la autoayuda más cercano y empieza a pedir recetas para cualquier actividad o mejora que quieras generar: Empieza con «Las 10 claves del éxito en la vida»; sigue con «El secreto de la felicidad eterna en un retiro Zen de fin de semana; no te olvides de «El camino hacia el yo transcendental quedándote transpuesto mirándote el ombligo»; «Cómo tener un cuerpo 10 en diez minutos»; «Eres lo que comes; no comas, cerdo» (las comas son importantes); «La ley de la atracción atraerá tu dinero al próximo vendedor de crecepelos».
Has de cuidar tus creencias y emociones, no sea que te dé por inquirir si las recetas tienen sentido, así que acude al curso de un Coach certificado en PNL que te haga caminar sobre las brasas con música de Rocky mientras te abrazas a la prójima más cercana como si no hubiera mañana.
Siempre que tengas un problema, busca un maestro en la guía de teléfonos y pide una solución rápida. Realmente, no tiene que darte solución, solo tiene que hacerte sentir bien.
Si todo esto falla, aprende a bailar la danza de la lluvia y sacrifica a una virgen embarazada y un cordero lechal en el templo de la nada.
2. Sustituye la trasnochada y fascista fuerza de voluntad por el sé tú mismo.
Desconfía de cualquiera que te diga que se necesita esfuerzo para lograr algo o que tú eres el responsable de tu vida. El esfuerzo requiere fuerza de voluntad, que es cansada y triste; la espontaneidad, aunque sea la de la hoz y la coz, es siempre más genuina, más natural, más tú. Te convertirás en un manojo de impulsos bellos y genuinos. Serás polvo, mas polvo enamorado. Serás un gilipollas, pero un gilipollas enamorado.
También deja de culparte por tus aflicciones o desventuras. La sociedad, el jefe (y la jefa que tienes en casa), tus padres, el capitalismo salvaje que no te pone un piso y te paga la cena, los vecinos ruidosos, tu mala estrella. Todos esos son los culpables. Ni culpa ni vergüenza, que otros te saquen las castañas de tu fuego. Repite conmigo: «alguien debería hacer algo».
3. Apela a lo natural para olvidarte de reflexionar sobre lo moral
A partir de ahora actuarás iluminado por la revelación naturalista: lo que es natural es bueno. Y no te olvidarás de la revelación moralista: lo que es bueno es natural.
Si algo es espontáneo, te sale de las vísceras (no del alma, porque a estas alturas ya no tienes), entonces es bueno. No pienses más, no mires más allá. Lo que te sale, lo que te apetece, lo que sientes aquí y ahora es lo bueno; aunque mañana y en otro lugar sientas otra cosa. Todo es relativo. Relativo a tu ombligo.
–
–
Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:
Anuncio de la serie minimalismo diabólico ¡Al diablo con la autoestima! ¡Al diablo con aumentar la confianza! Maldigo a los blogueros que aprueban y reprueban comentarios El patio de recreo del diablo El 90% de todo es mierda

