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Un día, un hombre del pueblo le dijo al maestro zen Ikkyu: «Maestro, ¿por qué no me escribís unas máximas de la más alta sabiduría?» Ikkyu tomó de inmediato su pincel y escribió la palabra «Atención».
«¿Eso es todo?–le preguntó el hombre–. ¿No añadís nada más?» Ikkyu escribió entonces dos veces seguidas: «Atención. Atención.»
«Bueno –replicó el hombre con un punto de irritación–, realmente no me parece que lo que habéis escrito sea muy profundo ni sutil.»
Entonces Ikkyu escribió tres veces seguidas: «Atención. Atención. Atención». Ya medio enfadado, el hombre le preguntó: «¿Y qué significa atención, entonces?». E Ikkyu respondió amablemente: «Atención significa atención.».
—Philip Kapleau Roshi
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