¿Es el movimiento 15-M minimalista?

 

We have met the enemy, and he is us.

–Walt Kelly

Por qué el 15-M es minimalista

El  movimiento de indignados del 15-M en España, también llamado «spanish revolution» en el extranjero, se ha nutrido de  una emoción principal  como desencadenante y motor del movimiento: la indignación, que es una variante política y virtuosa de la ira y la frustración. El “monoteísmo” en sentido amplio puede ser útil en cuanto forma de unificar la conciencia y dar empuje a la acción. Un cierto fanatismo en la acción unido a una gran flexibilidad en el pensamiento puede ser muy eficaz.

Sin embargo, el “monoteísmo emocional”, mantenido en el tiempo, puede ser estéril y empobrecedor.

Un banderín de enganche para los ciudadanos:  sistema electoral más proporcional, listas abiertas y lucha contra la corrupción.  Son ideas consistentes entre sí y han  animado a mucha de la gente que  inicialmente ha sentido simpatía por los acampados. Desde el punto de vista de la difusión de las ideas y las convocatorias,  ha resultado útil para el éxito del movimiento.

Mantienen estructuras planas, asamblearias. Han mantenido la política de no tener líderes públicos, cabezas visibles o portavoces.  Es un minimalismo en la jerarquía, pero quizá traiga problemas en la coordinación y en la integración. Los nodos, puntos de referencia y la encarnación de ideas en personas—el liderazgo— es fundamental para la evolución de cualquier discurso político, intelectual o social. El tiempo lo dirá.

Hacen uso profuso de los eslóganes como forma semi-minimalista y poética de trasladar sus mensajes. “No hay pan para tanto chorizo”, “Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir”, «Nos habéis quitado todo, ahora lo queremos todo», «No soy antisistema, el sistema es anti yo , “Yes, we camp”, etc.

Los aforismos, proverbios y hasta refranes pueden actuar como una forma de saber plegado que movilice en la memoria un rico abanico de asociaciones. Pero también puede ser un atajo que nos exima del duro trabajo de pensar y reflexionar.

Su legitimidad es mínima. Quizá en el ámbito de la legitimidad no tenga valor el minimalismo. En el ámbito político hay que intentar concitar la máxima legitimación y el mayor acuerdo de las voluntades.  La cuestión es si unas decenas de miles de personas pueden arrogarse la representación de millones de personas. Aquí las contradicciones del movimiento resultan extremadamente evidentes.

 Dicen representar a la mayoría de los ciudadanos, pero luego ignoran los resultados electorales que dan la victoria a partidos conservadores en las elecciones municipales y autonómicas  y los consideran irrelevantes; realizan manifestaciones delante del Congreso de España  con motivo de la discusión de leyes laborales o intentan boicotear la investidura de presidentes autonómicos democráticamente elegidos.

Piden que sus propuestas se lleven a cabo por los políticos, pero no reconocen a los representantes elegidos en las urnas. Hablan de democracia real, pero tachan de irrelevante el voto de los millones de ciudadanos que eligen a sus representantes en ayuntamientos y comunidades autónomas.

En su lugar, proponen una vaga democracia asamblearia de plaza pública con voto a mano alzada. ¿Cómo esperan comprobar si los españoles aprueban esas ideas rupturistas? No lo sabemos, no crearán ningún partido político ni  se presentarán nunca a las urnas, pues eso sería participar en un sistema al que se oponen y denigran.

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Por qué el 15-M no es minimalista

Parecen confundir el ruido y el movimiento con la acción eficaz y eficiente.  La ocupación de las plazas públicas, las asambleas multitudinarias, su preocupación por lograr visibilidad pública y periodística  parecen monopolizar sus actuaciones.  Su lema no expresado parece ser el “cuanto más  ruido y más seamos, mejor”. El discurso deslavazado de voces anónimas en una plaza pública  no suele ser el medio más eficaz de comunicación social ni de avance intelectual: no favorece la reflexión ni la crítica ni la opinión formada.  En los tiempos de internet volver al ágora griega y el voto a mano alzada parece una involución.

El 15-M no muestra creatividad ni en el fin ni en los medios . No es creativo  en el sentido de   generar sorpresas eficientes que resuelvan problemas,  o de diseñar un futuro deseable y el camino hacia él. La tónica general del movimiento depende de consignas y eslóganes de tinte socialista o colectivista del siglo XIX y XX. No hay gran diferencia en sus formas y modos con el mayo del 68 francés, por poner un ejemplo.

Aunque empezó en internet , no ha seguido en la red ni se ha aprovechado de la red para el crecimiento y  difusión del conocimiento ni para arbitrar nuevos medios de intervención del ciudadano en el ámbito público y de mejora de la transparencia. No hay nuevas ideas ni propuestas innovadoras ni ensayos de nuevas formas de participación ciudadana o de mejora del funcionamiento de las instituciones.

 Hay mil ideas que podrían canalizarse a través de internet: redes de blogs políticos e intercambios de ideas, wikis de programas políticos y económicos,  asociaciones de ciudadanos comunicados por red, creación de libros en línea, grupos de investigación, grupos de análisis, webs para fomentar la transparencia y la publicidad de la acción pública, etc. Pero se han centrado en la acción en la calle. Han usado la red  casi exclusivamente para convocar manifestaciones.

Las sentadas, manifestaciones, ocupaciones de plazas, pancartas y eslóganes y la búsqueda de enemigos claros nacionales y extranjeros son medios antiguos de protesta pública. La organización de los actos y actividades en las plazas públicas ocupadas no puede ser más previsible y estereotipada. Los temas que predominan son los iconos habituales de la izquierda y la izquierda más extrema. Quizá esto deriva del carácter reactivo, no constructivo, de su  visión cuasi-mitológica del mundo social y político.

Mantienen una visión cuasi-mitológica de la sociedad.

1. Existen las fuerzas del mal claramente definidas (capitalismo, políticos tradicionales, empresarios explotadores y bancos)

2. Una gran masa de gente oprimida, trabajadores y sectores sociales explotados  con poca conciencia política

3. Por último, el lado de la luz, los héroes anónimos de la revolución, los defensores del bien y la justicia: los “indignados”,  seres con conciencia y conocimiento cuya misión es ser la vanguardia del cambio y despertar a las masas su letargo pequeño-burgués  para transformar sus conciencias.

Una visión mitológica del bien y del mal puede ser apta para excitar la imaginación y la indignación de ciertos grupos sociales, pero no es verdadera  ni sirve como guía del cambio. Es quizá que este carácter pueril, cuasi-mitológico de su visión del  mundo, convierte las  acciones del 15-M en reactivas.

El movimiento 15-M es reactivo y cortoplacista. Ha capitalizado o ha intentado capitalizar un descontento general en la sociedad, y en sus momentos iniciales lo ha conseguido. Los autodenominados “indignados” reaccionan ante circunstancias que no les gustan, identifican culpables claros, asignan responsabilidades absolutas personales pero difusas (banqueros, políticos, multinacionales, capitalistas, los “mercados”, la “codicia”) y determinan medidas inmediatas y leyes que castigan, controlan o someten a los agentes dañinos causantes de la crisis.

Un minimalista existencial como yo echa en falta  una clarificación de los valores y una  visión estimulante de la sociedad  en la que uno quiere vivir. La etapa de concepción, de activación de valores y de diseño del sueño es importante.  Cuando quieres crear algo e iniciar el proceso de creación, hay que empezar con lo que se quiere, no con lo que no se quiere.

La indignación no es minimalista. Un minimalista puede emplear tácticamente una emoción, pero no puede permitir que una sola monopolice  todo su pensamiento y su acción. La indignación es reactiva, se basa en el sentimiento de rebelión o ira  contra la injusticia (más que en el sentimiento más constructivo de la búsqueda de la justicia o la libertad), y sobre todo requiere de enemigos definidos y claros.

 En una sociedad tan compleja  como la actual es probable que tengamos ciertas dificultades encontrando el enemigo, incluso podría ser que termináramos encontrándolo dentro de nosotros mismos.

El 15-M carece de una visión global  y sistémica de los problemas.

El mundo social, político y económico es una madeja de interacciones en el que no es sencillo determinar causas y efectos  ni dar explicaciones lineales de los fenómenos.

Importantes elementos y relaciones quedan fuera del debate. Su insistencia en el aumento del gasto público social y los impuestos contrasta profundamente con su despreocupación con el déficit público o por la creación de una economía productiva y competitiva que permita financiar el estado del bienestar; la defensa del trabajo fijo, las leyes laborales y los trabajadores, contrasta con la ignorancia sobre el funcionamiento de una economía moderna globalizada que necesita dinamismo para crear riqueza y empleo.

 El rígido ideario socialista-colectivista-autogestionario les hace desestimar cualquier solución que pase por una mayor productividad, competitividad, espíritu empresarial o iniciativa privada. De hecho, abominan del libre mercado tanto por su carácter de libre como por su carácter de mercado.

 Por último, no hay ninguna mención a la hipertrofia del sistema autonómico y el funcionariado, los problemas estructurales que genera la división del mercado en 17 autonomías y la excesiva descentralización; ni por supuesto el mínimo atisbo de crítica a los sindicatos y su función de garantes de los privilegios legales de los trabajadores con trabajo fijo frente a los jóvenes y los trabajadores con trabajo temporal o desempleados, que ha convertido el sistema laboral español en una división en castas tremendamente injusto y rígido.

Además, se advierte una ignorancia supina de los rudimentos de la ciencia económica. Seré claro, la mayoría de las voces del 15-M son ignorantes integrales en materia económica, pero su ignorancia no queda equilibrada por una saludable humildad o deseo de aprender.

No hay humildad intelectual en el 15-M. En todo el mes de vida del movimiento no he sido capaz de encontrar una  sola autocrítica de ningún grupo o persona del 15-M. En ninguna de las asambleas o conversaciones personales he visto autocrítica tampoco. Públicamente tampoco han mostrado fisuras o reconocido errores. En general, muestran una actitud autocomplaciente. Los daños ocasionados a los comerciantes de la Puerta del Sol, cifrados en más 30 millones de euros,  la incomodidad generada para el público o los vecinos, la suciedad, el incumplimiento de la ley en la jornada de reflexión del 21-M, la ocupación permanente ilegal al margen de las leyes sobre derechos de reunión y manifestación y ordenanzas municipales  no ha sido objeto de debate ni ha generado cambios en los modos y maneras de actuación.

Eso sí, han vendido como un gran mérito el mantener un sistema de limpieza, que impide la acumulación de basura en las plazas ocupadas, y el no haber sido violentos (cosa que han logrado en líneas generales hasta hace pocos días  con la irrupción en un supermercado con la intención de llevarse comida sin pagar).– 

Ausencia de reconocimiento de la propia responsabilidad  en la situación y en los problemas

Todos los derechos necesitan del reverso de las obligaciones; nuestra indignación y deseo de mejora del mundo ha de estar en paralelo con nuestra disposición a hacer nuestra parte del trabajo o asumir nuestra cuota de responsabilidad o sacrificio.  El victimismo no contribuye a fomentar la responsabilidad ni la autocrítica.

En ningún momento he oído expresada la razonable idea de que los ciudadanos y no las fuerzas nacionales e internacionales del mal puedan haber tenido algo que ver con la crisis y nuestros actuales problemas.  Después de todo, a nadie le han obligado nunca a endeudarse más allá de sus posibilidades para comprar una vivienda fuera de su alcance ni, aunque la publicidad es poderosa,  a nadie le ponen una pistola en la cabeza para que compre televisores de plasma o viaje al Caribe en vacaciones en vez de ahorrar para el futuro.

Es un movimiento revolucionario, no reformista. No aceptan el sistema político actual —la democracia representativa— ni ninguna de sus  partes. Puede que no sean anti-sistema, pero sí son a-sistema.  Creen en un cambio radical que supone más una ruptura que mejoras incrementales. Rechazan los fallos del sistema y  el mismo sistema. Corren el riesgo de tirar el niño con el agua de la bañera. Rechazan la organización política actual, pero por el momento no tienen ninguna opción alternativa. Siguen debatiendo.

El minimalismo existencial es más partidario de cambios graduales y pequeños en direcciones prometedoras, en la línea del principio del Kaizen japonés. El minimalismo existencial puede ser revolucionario en sentido poético e igual de ambicioso, pero no cree en los cambios drásticos y en las soluciones universales coactivas  como forma de resolver los problemas. La evolución sostenida es mejor que la revolución.

La mayor parte de las 8 medidas  o propuestas de regeneración política  son prohibiciones o coacciones e implican más intervención pública en las vidas de los ciudadanos.

Creen que los problemas de lo público, incluyendo el déficit y la corrupción, pueden ser resueltos con más intervención estatal y con un predominio de lo público sobre lo privado. Entre estas intervenciones previstas están las nacionalizaciones de la banca, la expropiación de viviendas (suspendiendo el derecho a la propiedad), los impuestos a las transacciones internacionales (tasa Tobin), prohibición o control de movimientos “especulativos”, mayor presión fiscal para los ciudadanos, etc..

Una versión más minimalista del cambio social  o el progreso político tendría en cuenta mecanismos no coactivos y la libre interacción de las personas y agentes sociales dentro del imperio de la ley.

Esto supondría una actitud  más liberal en sentido político y económico; daría más peso a la acción de los ciudadanos independientes de las instituciones políticas para organizarse libremente y realizar todo tipo de acuerdos y transacciones económicas y no económicas, no necesariamente controladas, canalizadas o promovidas por el estado.  En definitiva, sería confiar más en la innovación y la capacidad de crear riqueza de personas y empresas a través de la coordinación y la autoorganización en un marco de libertad y respeto al estado de derecho.

 

Salida minimalista al movimiento del 15-M

Los señores del 15-M podrían participar en las próximas elecciones, recabar el voto de los millones de españoles que presuntamente les apoyan, obtener mayoría absoluta o una importante representación, y cambiar la constitución y el modelo de organización política en España y aplicar su programa.

Sería lo más rápido y eficaz; tanto desde su punto de vista como desde el punto de vista de aquellos que no les apoyan, pero sí les soportan.