La reencarnación minimalista. La herramienta de productividad existencial definitiva

Decir que hay que vivir cada día como si fuera el último de tu vida es un llamativo eslogan, pero es casi imposible vivir de acuerdo a él. Es –como dijo una vez Alquimista Oscuro (aka @entusiasmado de entusiasmado.com)– como si fueras perdiendo un partido por goleada, estuvieras en tiempo de descuento, y lanzaras a todo tu equipo, incluyendo a toda la línea defensiva y el portero, a rematar al área contraria, en un último coletazo de desesperación.

Y vivir cada día como si fueras a vivir siempre es acallar para siempre el sentido de urgencia de actuar. Difícil aplicar la ley de Pareto o del 80/20 cuando subjetivamente tienes toda la eternidad serenamente agazapada ante ti como un gato perezoso. Siempre es posible aplazar el inicio de tu vida un día más, una semana más, un año más…

Templo Budista de Foz do Iguaçu
Tenemos una única vida que vivir. ¡Esto da miedo! Es ahora o es nunca.

Cuando eres niño ni siquiera puedes imaginar el final, y si lo imaginas, piensas que es como un remoto planeta a miles de años luz que tardarás eones en alcanzar. Si eres muy joven, piensas que vas a vivir siempre y vives al momento despreocupadamente, porque siempre puedes rectificar los errores e iniciar tu verdadera vida en cualquier momento.

Cuando vas cumpliendo años,  empiezas a considerar el tiempo como un bien escaso que hay que economizar y te vas dando cuenta de  que las opciones se acortan, cada vez puedes vivir menos vidas, cada vez son menos las carreras posibles, los amores potenciales, las identidades ensayables. Cuando te acercas a la vejez le ves las orejas al lobo y llega un momento en que sientes que lo más importante de tu vida ya queda atrás, que cada vez es más improbable que vivas nada nuevo y bueno.

Esta es la tensión existencial en que todos vivimos. El hombre es un animal  de anticipaciones y recuerdos. Estamos liberados del presente siempre suspendidos como un péndulo entre el pasado  y el futuro. El ser humano es un ser de ansiedades y de lamentos.

O mucho por delante, o poco por delante. Y el tiempo que discurre y se escapa por el sumidero.

¿Hay salida?

¿Qué salida hay a esta tensión existencial? ¿Cómo podemos escapar al precipicio de pensar que nuestra vida es como la única bala de un pistolero que se la juega en un duelo en ok corral? Si nos equivocamos no hay más, o hay una vida eterna, para los creyentes, pero en todo caso, no una vida terrenal.

O una vida terrenal para los budistas, pero si hay mala suerte será la de un cerdo  o una mosca de no haber hecho los méritos suficientes; e, incluso en este caso, con una nueva identidad y cortando para siempre con la biografía anterior, como la nueva vida  de un chivato en un programa de protección de testigos.

En esta situación de vivir una sola vida nos volvemos  conservadores: no podemos equivocarnos en la única vida que tenemos para tener éxito y ser felices. Una sola vida y hay que hacer lo mejor con ella.

Pero si queremos hacer cosas valiosas hemos de arriesgarnos; si queremos vivir y no ser vividos, hemos de emprender acciones, proyectos, perseguir sueños improbables, y a veces quimeras. Una quimera es una ilusión que no ha salido bien. Una ilusión emocional se convierte a veces en una ilusión de mago o prestidigitador, en un juego de manos donde siguiendo la pista al as de la baraja acabamos quedándonos con el cuatro de picas.

Yo tengo la herramienta de productividad existencial

En este artículo presento una herramienta de productividad existencial de larga tradición pero en  su  versión minimalista existencial mejorada: la reencarnación minimalista.

Me explico, yo ya  no mido mi tiempo por años o por etapas vitales o por edades del hombre ( infancia, juventud, madurez, vejez, senectud, etc.). Ahora mido mi tiempo por reencarnaciones minimalistas.

Fenix contador a cero
¿Es posible acabar una vida y renacer sin morir en el intento?

Los periodos de organización del tiempo tradicional no son tan buenos para organizar la existencia:

En un día es imposible hacer nada de calado; una semana es una excelente manera de organizar la vida laboral, pero no la existencia; Una vida es una vida, pero tiene la dificultad de que solo tienes una oportunidad y si no das en la diana con tu profesión, tu identidad, tu entorno, etc., puedes llegar al final de tu vida sintiendo que te has dejado mejores  vidas en el tintero.

Pero imagina que cada día es un año y  toda tu vida dura 90 años. Y cuando se acabe tu vida tienes otros 90 días-años, y luego otros 90 días-años, y así sucesivamente.  Tienes por delante unas decenas, quizá unos cientos de vidas y sus correspondientes reencarnaciones existenciales por delante.

Templo Budista de Foz do Iguaçu
Ahora imagina que tienes decenas de reencarnaciones y vidas posibles por delante. Puedes ser más juguetón y        experimentar con las identidades.

Yo mido el tiempo y organizo mi acción de esta manera: hoy 24 de octubre del 2013 tengo 24 años. Mañana tendré 25 años. Pasado tendré 26 años. He nacido hace 24 días. Tengo una larga vida por delante: me restan 68 años de vida. Vivo cada día como si fuera un año. Vivo cada mes final de cada trimestre como si fueran los 30 últimos años de mi vida (o 31). Sé que en esta reencarnación viviré exactamente 92 años.

Ahora hay menos sensación de precipicio, cada decisión importante que tomes no será un jugárselo  a doble o nada, tienes muchas reencarnaciones minimalistas por delante. Ya no estás haciendo funambulismo sin red en distancias abismales; ahora eres  como un niño que silba mientras anda por el bordillo. Ahora puedes jugar, puedes elegir caminos ilusionantes pero improbables.

En 92 años ( o 91 o 90 años ((si el año oficial es bisiesto)) ), puedes hacer muchas cosas:

  • Iniciar un negocio.
  • Cambiarte de piso.
  • Cambiarte de camisa.
  • Irte a vivir al Himalaya, o a Hospitalet
  • Enamorarte, hacer y deshacer el amor.
  • Fundar una familia
  • Iniciar una nueva afición
  • Aprender a jugar al go.
  • Convertirte en un programador.
  • Convertirte en un artista.
  • Experimentar con la introversión, con el club de la comedia, con una nueva ideología, con una nueva religión  o con ninguna.

El trimestre de la marmota

Podríamos emular a Bill Murray en El día de la marmota y repetir no un día, sino toda una vida (condensada en un trimestre de  90-91-92 días-años). Ya no necesitaríamos fe en la vida después de la vida o en la reencarnación budista. Sabríamos que (casi) con toda seguridad disponemos de otras vidas cuando acabe esta.

groundhog-day
Los trimestres-vidas de la marmota nos permiten jugar, experimentar, aprender y perfeccionarnos.

Si en esta vida (último trimestre del 2013) la pifias y no vives tus sueños o peor, logras lo que deseas  y no te satisface, no importa:  pones el contador a cero, empiezas otra vez, eliges una nueva identidad, nuevas metas o estrategias y comienza otra vez el partido en la nueva reencarnación del primer trimestre del 2014.

Si hoy  tienes 30 años y en tus 120 vidas  anteriores (30 años x 4 reencarnaciones) no lograste lo que quieres, puedes empezar de nuevo; Y lo mejor de todo, no tienes  por qué perder lo aprendido: en tu nueva vida puedes conservar la sabiduría del pasado (tus errores) y lograr que en tu nueva existencia llueva sobre mojado.

Además, de una reencarnación minimalista a otra, el mundo no habrá cambiado mucho  (como en El día de la marmota) y podrás perseguir tus metas con el conocimiento del trimestre de la marmota anterior; a diferencia de la budista, no habrás olvidado quién eras o  qué perseguías la vida anterior, tampoco cambiarás de cuerpo  físico: tu cuerpo  en tiempo cronológico solo será 90 días más viejo que el anterior, y seguirás siendo humano, no una rata o un cerdo.

Gracias al trimestre o reencarnación de la marmota te proporcionas un memento mori cotidiano que te recuerda tu mortalidad; vivirás con un sentido de urgencia: los años pasan muy rápidamente, ¡literalmente vuelan!, hace tres semanas tenías 30 años y hoy ya tienes 51;  pero a diferencia de Sarah Polley muriéndose de cáncer, con solo dos meses de vida por delante en Mi vida sin mí, que tus días estén contados no significa que no tengas otras opciones, otras vidas.

Joven con calavera
Recuerda: «Eres mortal»

Morirás pronto, sí; pero como el ave Fénix de las ganas y las desganas   renacerás de tus cenizas. No te enterrarán, vale; pero a cambio ya nunca más  vivirás enterrado.

Lo mejor de los dos mundos: urgencia de actuar y de vivir  + levedad del juego; y si te va mal  en esta reencarnación minimalista, pues empiezas de nuevo.