Observa tus pensamientos sobre el futuro, sobre el pasado, sobre lo que está ocurriendo. No tanto las emociones como el discurso o charla interior que casi siempre está ocurriendo dentro de tu cabeza. Sé consciente, toma nota de ellos, no intentes inhibirlos o bloquearlos o rechazarlos o calificarlos de buenos o malos. Mantén una actitud imparcial, como de notario de la realidad. Si quieres, puedes etiquetarlos de manera descriptiva como: “pensamiento sobre la reunión de esta mañana”, “rumia sobre el comentario desagradable de un compañero”, “pensando en la lista de la compra”, etc.
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Para recordar esta práctica, ponte una pulsera toda la semana, lleva contigo una tarjeta recordatorio, o escríbete en la palma de la mano: “¿Qué estoy pensando?”. Otra posibilidad es avisarte con el móvil mediante citas programadas contigo mismo a lo largo del día.
Poco a poco serás más consciente de la aparición de los pensamientos y de que llevas un buen rato sumido en ellos sin haberte dado cuenta, quizá desviándote de la actividad que tenías entre manos.
