Saco un libro de una biblioteca pública

Hace más de un mes decidí leer una obra literaria que llevaba mucho tiempo en mi lista de deseos (había aplicado de sobra la Regla de los siete días de la compra). Por fin me permití comprarla, pero cuando iba a hacerlo me pregunté si habría una manera minimalista de disfrutar de su lectura.

¿Por qué comprarlo? ¿Qué coste tiene la compra de un libro?

 Está el gasto de la compra, unos 20 euros. Está el coste de oportunidad del tiempo y esfuerzo dedicado a leerlo, el mayor coste probablemente. Además, tengo el inconveniente  de incorporar un nuevo elemento a mis posesiones: almacenamiento, más espacio dedicado a literatura en una casa ya saturada de objetos, una posesión más  que me quita flexibilidad geográfica (los libros se acumulan y si quiero cambiar de residencia tengo que transportarlos), apego a un nuevo objeto físico, más distracciones en mi entorno…

Concluí que sí que quería leer la obra deseada: es  muy conocida y sentía curiosidad por ella desde hace tiempo; me había retenido lo suficiente durante meses antes de adquirirla y seguramente merecía el esfuerzo y la atención; y si no, siempre podía echarle un vistazo y dejarla si no me gustaba o no respondía a mis expectativas.

¿Hay otras opciones aparte de comprarlo?

Querer leer algo  no significa necesariamente tener que comprar un ejemplar  y guardarlo en propiedad.

Decidí que lo sacaría de una biblioteca pública. Fui a la más cercana  y me encontré con que tendría que esperar hasta principios de agosto para poder retirarlo, ya que lo tenía otro lector. Sentí entonces que ya estaba legitimado para pagar por él: después de todo había hecho lo posible por obtenerlo gratuitamente.

Pero enseguida reparé en que la  lectura no era urgente, y bien podía esperar un mes a leerlo; apunté la fecha en que estaría disponible en mi agenda.  Hoy, por fin,  lo he sacado de la biblioteca; cuento con un mes para leerlo.

Creo que hay muchas opciones alternativas a la compra de libros físicos  que reducen el coste monetario de la adquisición y la posesión:

  • Bibliotecas públicas
  • Libros electrónicos
  • Pedir prestado a un amigo
  • Compras de segunda mano
  • Intercambio de libros con gente interesada en temas similares
  • Clubes de lectura en que cada miembro aporta libros a un fondo común
  • Etc.

¿Por qué necesitamos comprar y tener la propiedad?

La mayores motivaciones para comprar libros quizá sean la costumbre, el afán de sentirse propietario del bien físico y la sensación de que necesitas que sea tuyo para poder disfrutar plenamente de él. Nos movemos por una mentalidad de “¿Y si…?” o “Por si acaso”,  que supone que hemos de tener el texto en papel siempre a mano por si surge la necesidad.  Sin embargo, ¿cuántas veces has leído dos veces un mismo libro?,  ¿cuántas veces vuelves a consultar uno ya leído? Adivino que no muchas.

También hay un elemento de búsqueda de la gratificación instantánea y poca tolerancia a la espera. Nos gusta saber que las cosas son nuestras porque así están a nuestro alcance en el lugar y momento en que las deseamos.

Tampoco podemos olvidar el sentimiento algo fetichista, como de objeto sagrado, que muchos tenemos con los libros: es un pecado tirarlos a la basura o estropearlos, incluso escribir en ellos. Más que un medio para un fin, para muchos son un símbolo de identidad al que unimos sentimientos y  memoria, y por ello los llegamos a considerar parte de nosotros. Desprenderse de un libro genera un sentimiento de pérdida.

No tenemos en cuenta  que las posesiones terminan poseyéndonos,  en el sentido de que añaden costes ocultos monetarios y no monetarios en nuestras vidas, y un apego que aumenta la fricción en nuestra acción y nuestras decisiones.

En una sociedad de la información lo importante no es la posesión y propiedad  de los bienes , sino el acceso a los bienes en el momento en que los necesites. No importa el formato de libro que emplees (digital o en papel) ni la propiedad de él.  Nuestro deseo de mantener libros físicos es una reminiscencia de épocas no muy lejanas en que la información y el entretenimiento estaban inextricablemente unidos a  objetos materiales.

Quizá llegue el día en que el apego a la propiedad resulte tan chocante como hoy resulta la danza de la lluvia, la pluma de ganso en la escritura  o los coches de caballos.