En moverse rápido y viajar ligero hablaba de un viaje con mínima preparación y poco equipaje, y establecía los siguientes desafíos en materia de viajes minimalistas.
He conseguido completar uno de esos desafíos:
–
«Ser capaz de cambiar de ciudad de residencia dentro de mi país en menos de tres días».
–
Aunque la idea ya me venía rondando desde hace semanas, la ejecución de la acción ha sido en menos de tres días. De hecho, puedo decir que la preparación de la maleta y documentación, el viaje a la ciudad y la búsqueda de un apartamento para vivir me ha llevado poco más de 24 horas. Esto supera mis sueños más salvajes y me anima a seguir minimalizando mi existencia.
–
Lecciones aprendidas y otras consideraciones
Me resulta curioso el que gran parte de las barreras mentales al cambio sean de raíz logística o de ejecución material.
Experimenté una cierta pereza que casi me hace postergar la acción. De todas maneras, una vez dado el primer paso y después de hacerlo público, el proyecto ganó momentum rápidamente y se consumó en pocas horas.
El proceso de decisión referente a la vivienda fue muy rápido. Comencé determinando mis necesidades y mis prioridades en materia de alojamiento y entorno físico, y en función de eso decidí. Miré unas pocas páginas web. Hice sólo dos llamadas y realicé dos visitas con dos empresas distintas. En la primera vi un apartamento y en la segunda 4.
La primera visita ya me proporcionó un lugar suficientemente bueno, pero decidí ver un par de opciones más.
El haber visto 5 viviendas distintas generó una cierta tensión. Unas eran mejores en unos aspectos y otras en otros. Es un caso típico en la vida de decisión multi-objetivos con opciones que puntúan distinto en distintos elementos. El instinto maximizador y perfeccionista me llevaba a seguir buscando y analizando.
Recordé que más opciones a veces es peor (Ver La paradoja de la elección) y que el aumentar las opciones retrasaría la decisión y consumiría más de mi tiempo y atención, que también son recursos escasos
Decidí adoptar un enfoque satisfaciente y quedarme con la opción que parecía intuitivamente más interesante, aun siendo consciente de que debía de haber por ahí opciones mejores.
Los estudios afirman que –paradójicamente– alguien con menos opciones está más satisfecho con sus decisiones después de tomadas que alguien que tenga muchas opciones. Reduje conscientemente las opciones a considerar para reducir el tiempo de decisión y para mejorar mi satisfacción con la decisión final. Barry Schwartz y su libro The paradox of Choice sirvieron para abrirme los ojos.
Para evitar el «remordimiento del comprador» he decidido no fijarme en anuncios de viviendas y apartamentos y vivir con la decisión tomada.
La decisión no tiene una gran transcendencia y por tanto considero que la rapidez en la decisión y el vivir con la decisión es más importante que tomar la mejor decisión u optimizar el proceso de decisión analizando a posteriori si tomé la decisión correcta.