En los últimos tiempos he advertido que muchas de mis decisiones son tomadas en un clima mental de urgencia poco saludable. Tengo la sensación de estar en un estado acelerado, en continuo movimiento, haciendo muchas cosas, pero sin avanzar. O actuando vigorosamente pero de forma desenfocada, más para calmar la impaciencia que para obtener resultados.
Actúo como si prefiriera más la sensación de estar en marcha que el avance real. Mi lista de cosas que hacer y su compleción se convierte más en un lenitivo de mi ansiedad que una herramienta de organización personal y enfoque.
La mentalidad experimental aconseja iniciar la acción lo antes posible, pero luego parar y reconsiderar los resultados para ver qué hemos obtenido. Yo he aprendido a iniciar con mucha más rapidez, pero me temo que tras la ejecución no dedico el tiempo suficiente a consolidar la experiencia. En cuanto acabo algo, ya estoy pensando en iniciar otra acción, como un sísifo que esforzadamente eleva una gigantesca piedra a la cima de la montaña para luego dejarla caer al abismo y comenzar de nuevo.
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Sumergidos y abrumados por nuestra lista de cosas que hacer, perdemos la perspectiva. Intentamos controlar el flujo de la acción y estar en todos los frentes a la vez; como consecuencia, en el fragor de la batalla perdemos de vista el propósito de la guerra.
Ralentizar el ritmo en la toma de decisiones
Por este motivo, me he propuesto ralentizar el ritmo de la acción y tomarme más tiempo antes de decidir y de añadir ítems a mi lista de cosas que hacer. Para evitar actuar bajo el influjo de la ansiedad, el miedo o la urgencia he decidido proporcionarme más tiempo de contemplación y valoración de los potenciales cursos de acción.
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–Es habitual confundir la eficiencia con la eficacia. Y la agitación con el movimiento. Es mucho más importante elegir los cursos de acción más eficaces que enfocarse en ser más eficiente con cursos de acción desencaminados o con una miríada de cosas que hacer que añade poco valor o que encubre la calidad en el marasmo de la cantidad.
Práctica deliberada y lentitud
Dan Coyle en Las claves del talento habla de la lentitud deliberada en el contexto de la práctica deliberada. El aprendizaje se consolida antes y es más profundo si somos deliberadamente lentos y atentos en cada una de nuestras acciones.
Coyle pone el ejemplo de una escuela de tenis rusa que ha dado figuras de talla mundial: en el Spartak Tennis Club de Moscú usan una técnica que llaman «imitatsiya” en la que intercambian golpes imaginarios en cámara lenta y sin pelota. Este club ha producido una cantidad enorme de buenos jugadores: Safin, Kournikova, Myskina, Dementieva, Safina, Youzhny, Tursunov.
En las artes marciales y el ballet también hacen uso de la lentitud deliberada como forma de aumentar los inputs y obtener un feedback más grande de los movimientos corporales.
Pretendo extender este enfoque a las decisiones. Tomar las decisiones ensanchando el hiato entre estímulo y acción y asumiendo un ritmo deliberadamente lento en la toma de decisiones y asunción de responsabilidades.
Creatividad y lentitud
Entusiasmado, en el contexto de su curso de creatividad, alude a un experimento del psicólogo Csikszentmihalyi con pintores: los más creativos eran los que se tomaban más tiempo para contemplar el objeto que iban a representar: lo observaban desde más puntos de vista, hacían más bocetos y consideraban más posibilidades expresivas antes de decidirse por un concepto o idea final y ejecutarlo.
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Sus compañeros menos creativos se lanzaban antes al fragor de la ejecución pictórica con resultados más rutinarios y calidad más baja. Los más creativos contemplaban muchas más posibilidades iniciales y la ejecución pictórica era rápida. Quizá dedicaban 50 minutos a la observación y los bocetos, y solo diez minutos a la ejecución:
[…] El segundo tipo de artista, por el contrario se pasaba como 5 o 10 minutos examinando los objetos, mirándolos desde todos los puntos de vista. Después frecuentemente volvían y reorganizaban las cosas o cambiaban los objetos. Dibujaban el resultado por 20 o 30 minutos y después cambiaban de opinión, reorganizaban las cosas y borraban y dibujaban de nuevo el bosquejo. Después de una hora de hacer esto, decidían la idea final y dibujaban en 5 o 10 minutos.
Mi desafío actual
Ser deliberadamente lento en mis movimientos mentales, potenciar la atención plena (no sorpresivamente es uno de los tres hábitos que cambiarán tu vida) , ralentizar la toma de las decisiones ensanchando el periodo de deliberación y de contemplación de los diversos cursos de acción.
Pretendo no precipitarme, tomarme mi tiempo, esperar a obtener inputs y a establecer conexiones entre ellos.
Cuando llegue el momento, actuar decididamente, con espíritu resolutivo y sin dudas.
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