El camino es mejor que la posada.
–Miguel de Cervantes Saavedra
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He observado en mí mismo que cuando acabo una tarea me lanzo a tacharla con una cierta fuerza explosiva, mezcla de alivio y de venganza.
Tachar de esta manera puede indicar que quiero librarme para siempre de la tarea y pasar a otra cosa. Supone una cierta animadversión contra algo que sentía que tenía que hacer, un poco obligado. Ahora que está cumplido el trámite, tiene que desaparecer de la faz de mi mente. Acabé. Cubrí el expediente. Liberado por fin. Paso a algo mejor.
Pero esa tarea fue parte de mi vida durante algún tiempo, y poco o mucho ha contribuido a lograr algunas de mis metas en el largo plazo. Y si todo lo que hacemos deja huella –o puede dejar huella– ha entrado a formar parte de mí. El proceso es al menos tan importante como el resultado; sobre todo porque en el proceso, en el camino, es donde pasamos la mayor parte del tiempo. La posada es el pretexto para comenzar el camino.–
Auto-propuesta
En adelante, no tacharé lo que he acabado. Podría poner una simple muesca, como indicando la acción completada. Pero quiero ir más allá: dibujaré una pequeña elipse alrededor de la tarea en señal de aprecio a su contribución, no importa lo minúscula que parezca.
Tachar es agresivo. Rodear con una elipse es un reconocimiento.
