Principio de Pareto o Regla del 80/20

La eficiencia, que es el hacer las cosas bien, es irrelevante hasta que estés trabajando en las cosas correctas.

-Peter Drucker. Gurú del management.

Si por un cataclismo todo el conocimiento sobre el minimalismo existencial fuera destruido y sólo una frase pudiera ser traspasada a la siguiente generación de seres humanos, ¿qué frase eligiríamos que  contuviera la máxima información?

 

Pareto Principle Option 2

 

El principio de Pareto o regla 80/20, también llamado principio de los pocos esenciales, sería la frase que guardaríamos:

En cualquier sistema natural o humano, El 20% del esfuerzo produce el 80% de los resultados, el 80% restante es un desperdicio.

A partir de ahí, con una cierta imaginación y pensamiento, podríamos extraer una gran cantidad de consecuencias y quizá reconstruir el resto del minimalismo existencial.

Fue Joseph Juran, el gurú del management y la calidad total, quien en los años 50 sugirió este principio en honor de Wilfredo Pareto, el economista italiano que en 1906 observó que el 80% de las tierras de Italia eran poseídas por el 20% de la población. Juran, a su vez, comprobó que el 20% de sus plantas de guisantes producían el 80% de su cosecha de guisantes. Las aplicaciones a la empresa son muy numerosas:

–    El 20% de los clientes genera el 80% de los beneficios

–    El 20% de los artículos posee el 80% del valor del almacén.

–    El 20% de los procesos en una línea de producción causa el 80% de los fallos de calidad.

–    El 20% del stock ocupa el 80% del espacio.

–    El 20% de los inputs produce el 80% de los outputs.

–    El 20% del personal crea el 80% de los problemas.

–    El 20% de los vendedores genera el 80% de las ventas

–    Etc.

Los porcentajes no tienen que ser exactamente 20 y 80; podrían ser 30/70, 10/80  ó 5/70, pero lo importante es que un porcentaje relativamente pequeño de las causas o esfuerzos produce un porcentaje desproporcionado de los efectos o resultados.

El minimalismo existencial es estratégico y por lo tanto supone:

  • Decidir qué valores y metas  importan más.
  • Definir qué podemos hacer que tenga la máxima repercusión o suponga el mínimo esfuerzo para lograr lo que importa más.

Aquí es donde entra el Principio de Pareto. Nos permite enfocarnos en lo más beneficioso o satisfactorio  y emplear los medios más eficaces para alcanzar esos fines.

Juran dio a este principio también el nombre de los “pocos esenciales” en comparación con los “muchos triviales”,  pues esos pocos elementos son los que explican la mayor parte del resultado. Por lo tanto, es mucho más importante hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente. Es más importante la eficacia: hacer lo adecuado, lo correcto, que la eficiencia: hacer las cosas bien.

La clave está en elegir qué hacer, y luego ir y hacerlo, aunque la calidad no sea óptima. Obtendrás mejores resultados haciendo unas pocas cosas importantes regularmente que haciendo muchas cosas insignificantes con perfección. Parece que no se trata de  «trabajar más duro» ni siquiera de “trabajar más inteligentemente” (como dicen muchos jefes cuando nos sentimos abrumados por el trabajo), sino de elegir mejor  en qué trabajar.

Si una cosa merece la pena hacerse, entonces merece la pena hacerse imperfectamente.

–Homo Minimus

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