Técnica del contrato de cinco minutos

El presente es un poderoso dios.

–Goethe

Al Yo Ejecutivo, encargado de dirigir las operaciones mentales, José Antonio Marina, el filósofo español,  lo ha llamado también Yo Negociador. Y es una expresión muy bien traída. En la lucha entre los deseos y necesidades del Yo Presente y los del Yo futuro hay que recurrir a la transacción, a la negociación.

Es difícil, estando sometidos a la inmediatez, urgencia e incluso tiranía del momento presente, adoptar la visión a largo plazo integradora de necesidades y metas en todos los horizontes temporales. Es aquí donde el Yo Negociador puede operar y resultar muy útil.

La técnica del contrato de cinco minutos es una técnica negociadora básica, engañosamente simple e ingenua, que puede reportar pingües beneficios en nuestros esfuerzos por ejercer el autocontrol.

ESTA ES LA SITUACIÓN

Supongamos que tienes delante un helado, un programa de televisión  o cualquiera de tus  tentaciones favoritas o caballos de batalla de tus intentos de autorregulación.

La tentación está ahí, punzante, urgente, temblorosa, ejerciendo su poder; todas las determinaciones, planes, resoluciones palidecen ante ella; la fuerza de la voluntad, las promesas y auto-promesas llegan como un callado eco a la conciencia, casi inaudibles ante el alboroto que ejerce el objeto del deseo inmediato.

Ahora no hay nada más que el precipicio existencial: un paso más  y nos despeñaremos, rodaremos por la pendiente y una nueva derrota interior manchará nuestra hoja de servicios con nosotros mismos.

Disculpad si pongo el asunto en términos demasiado dramáticos o melodramáticos; pero estamos ante un momento clave en la afirmación del ser. Lo cotidiano de la situación no lo vuelve menos transcendente.

Bien, todavía no está todo perdido, todavía hay un clavo ardiendo al que nos podemos agarrar; ¿un arma secreta quizá?

El Yo Negociador tiene un triunfo en su manga: la técnica del contrato de cinco minutos. Consiste en lo siguiente: se trata de una propuesta que —mientras quede un atisbo de autodeterminación— puede servirnos para diferir brevemente el impulso. Estos son los términos del contrato que podemos expresar en nuestro diálogo interior:

 TÉRMINOS DEL CONTRATO DE CINCO MINUTOS

“Sé que el impulso y la urgencia de lo inmediato es fuerte, casi insoportable. Lo entiendo, por eso no voy a pedirte a ti Yo Ocurrente (yo impulsivo, cortoplacista o computacional) que renuncies a satisfacer el deseo aquí y ahora.

Sin embargo, puesto que cedo y no te voy a martirizar con el sentimiento de culpa, el remordimiento o la vergüenza después de ‘la caída’, te pido una sola concesión: ¿serías capaz de diferir mínimamente, solo cinco minutos, no más, el impulso?

Si ese deseo merece la pena ahora mismo, con casi toda seguridad la seguirá mereciendo dentro de cinco minutos. Pasados los cinco minutos, puedes hacer lo que quieras, comer el helado, comerlo en parte o incluso no comerlo, si eso es lo que te place.

¿Aceptas el trato?”

¿De qué sirve diferir solo cinco minutos lo inevitable? No hemos hecho más que alargar la agonía, no parece que hayamos ganado mucho.

Sorprendentemente, te encontrarás con que pasados los cinco minutos (te recomiendo que uses un cronómetro o reloj de precisión) la pugnacidad del deseo ha remitido y en muchas ocasiones, no siempre,  te encontrarás con que has restablecido la fuerza del Yo Ejecutivo y puedes vencer la tentación.

Por qué funciona

  •  El Yo Ocurrente o impulsivo busca evitar el dolor o incomodidad inmediato  o cercano. Ante la amenaza de sentirse mal como consecuencia de una acción impulsiva, encuentra la salida perfecta en la propuesta del Yo Negociador: solo son cinco minutos y después se podrá entregar sin sentimiento de culpa alguna y sin consecuencias.
  • La técnica tiene flexibilidad. Si esos cinco minutos son demasiado o una eternidad que no se puede soportar, el Yo Negociador puede regatear los términos del contrato: “Quizá no cinco minutos, pero… ¿podrías tres, dos, quizá un minuto?”.  .
  • El tono del Yo Negociador es empático, se pone en el lugar del otro, no le hace sentir mal y abona el terreno para la negociación. Con este clima es más fácil llegar a un acuerdo.
  • Los incentivos a largo plazo no suelen tener fuerza. La tasa de descuento temporal en el muy corto plazo es hiperbólica, no exponencial; el Yo presente es casi insensible a cualquier castigo o recompensa con la  que el Yo negociador pueda amenazar o prometer a un plazo más largo.
  • Con los cinco minutos ganas el tiempo suficiente para que el deseo disminuya la intensidad. El gancho que pone el Yo Negociador es eliminar el sentimiento de culpa.
  • Si al final logras inhibir el impulso y triunfas sobre el  impulso del Yo Ocurrente, este no lo interpreta como una derrota, una renuncia o privación. Después de todo, tuvo la decisión en sus manos y pudo decidir si entregarse al deseo; pero no lo hizo.
  • Desde el punto de vista del equilibrio emocional, es un acuerdo ganar-ganar entre el Yo Ocurrente y el Yo Negociador: ambos salen beneficiados y su relación se mantiene saludable y amistosa.

7 pensamientos en “Técnica del contrato de cinco minutos

  1. Melisa

    Me gusta, me gusta. Voy a ver si funciona con mi yo impulsivo. Tengo la sensación de que 5 minutos le va a parecer demasiado tiempo.

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  2. Horatiux

    Buena propuesta. Por cierto, siempre que se nombran conceptos como pasado, presente y futuro, siempre que leo los cada vez más frecuentes planteos que glorifican al poder del momento presente denostando al pasado y futuro, me surgen las mismas preguntas insidiosas: ¿No será que el presente es lo que no existe y lo único que existe es el pasado y el futuro? ¿Cuánto dura el presente? ¿Medio día? ¿Una hora? ¿Dos minutos? ¿Diez segundos? ¿Un nanosegundo? ¿Eso que llamamos presente acaso no se convierte inmediatamente en pasado en cada infinitesimal de tiempo que transcurre? ¿Todas esas propuestas que postulan “el poder del ahora” afirmando que “lo único que existe es el presente porque el pasado ya transcurrió y el futuro es una ilusión”, no estarán diametralmente equivocadas? ¿No será exactamente al revés?

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  3. Narci

    Muy interesante. Esta técnica me ha recordado a los experimentos de la “demora de la gratificación” realizados por Walter Mischel en los años sesenta. De ahí la importancia de controlar las rabietas en la infancia, ese “lo quiero ahora mismo”..

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    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      En esos experimentos había niños que demoraban la gratificación hasta quince minutos. La experiencia me dice que muchos adultos no somos capaces de esa proeza regularmente.
      Es la condición humana, por eso necesitamos todo tipo de ayudas y técnicas.
      Saludos.

      Responder
  4. Pingback: Primera revisión reto de los treinta días | Homo Minimus

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